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Un petróleo menos eficiente

Las compañías petroleras estatales están presentes en algunos de los mejores campos del mundo, dejando las sobras para los productores occidentales. Los altos precios subvencionaron proyectos de ingeniería cada vez más audaces durante los años de bonanza. Si los precios bajos persisten, la falta de buenas alternativas puede empujar a las grandes petroleras a otra ronda de consolidación.

El problema es estructural. Casi el 80% de las reservas mundiales de oro negro ahora están controladas por petroleras estatales. Compañías como Exxon, Shell, BP y Chevron tienen reservado solo un 7%. Aparte del shale oil, la mayoría de los nuevos grandes yacimientos donde las petroleras occidentales sí tienen vía libre tienden a estar en lugares remotos como aguas profundas o por encima del Círculo Polar Ártico. Estas compañías también han invertido miles de millones en gas natural, con un acceso menos problemático.

Casi el 80% de las reservas mundiales de oro negro están controladas por petroleras estatales

La relativa escasez de petróleo fácilmente accesible forzó a las petroleras a gastar más, mientras la producción caía. Exxon gastó alrededor de 38.000 millones de dólares (unos 33.450 millones de euros) en exploración petrolífera y desarrollo en 2013 –más de tres veces lo invertido una década antes–. Sin embargo, la producción diaria de Exxon, medida en barriles de petróleo equivalente, cayó ligeramente en ese período, según datos de Thomson Reuters.

La situación era tolerable cuando el precio del crudo se mantenía por encima de 100 dólares el barril. Pero el descenso de casi el 50% desde el verano pasado creará problemas. Hasta el momento, 90 empresas petroleras han reducido el gasto de capital para este año a un total de 312.000 millones de dólares, frente a los 400.000 millones de 2014, calcula Morgan Stanley.

Aunque los costes de inversión han caído ligeramente con el precio del crudo, una caída sostenida podría representar un serio desafío para los proyectos más caros. Los precios de muchos contratos de gas están vinculados al petróleo, por lo que la caída de precios podría perjudicar también a esta economía.

Si la crisis persiste, incluso las empresas más grandes de la industria pueden sentir presión para empezar a mover los números hacia fusiones más ambiciosas para reducir los costes.

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