Editorial

Sí al plan Fénix

El proyecto Fénix, diseñado por la gran banca española para ayudar en forma de recapitalización a empresas viables, pero a las que una situación coyuntural de sobreendeudamiento haya puesto en peligro de supervivencia, es sobre el papel una magnífica propuesta. A pesar de ello, ciertas diferencias de enfoque entre unas u otras entidades hacen que su constitución, puesta en marcha ya el pasado noviembre, aún no haya sido firmada por las entidades. Todo indica que las discrepancias sobre cómo se ha de aplicar la recapitalización a las empresas ayudadas no han sido tan grandes como para dar al traste con el proyecto, y que su futuro ya está reconducido. De ser así, es una buena noticia. Porque sería una pena que se quede en el camino una fórmula que, incluyo antes de su constitución formal ya ha empezado a dar frutos. Empresas como la de alquiler de maquinaria GAM; Condesa, la mayor fabricante de tubos soldados de Europa; el grupo de servicios, transformación y suministros siderúrgicos e industriales y de maquinaria Ros Casares, o las Bodegas Chivite han sido las primeras en acogerse a las posibilidades que ofrece el plan Fénix. De hecho, está última ya está a punto de realizar una desinversión como parte del proceso de recuperación. La banca debe profundizar en un proyecto que forma parte de su razón de ser. Y, como el ave mitológica que le da nombre, ayudar a resurgir así a empresas que, de lo contrario, podrían estar condenadas.

 

 

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