Los bancos se quejan de que con el BCE no han finalizado las injerencias políticas

Kramer contra Kramer

Kramer contra Kramer

No es la primera vez que los banqueros (por ser de los que escribo habitualmente, pues en otros ámbitos de la sociedad ocurrirá lo mismo) critican la intromisión de la política en su sector. Y no estamos hablando de los responsables de las cajas de ahorros, entidades prácticamente desaparecidas, y cuya transformación en bancos se suponía que había terminado con su dependencia de los gobiernos regionales (o ese era el objetivo, aunque no se ha logrado, o si no que se lo pregunten al expresidente de Kutxabank, Mario Fernández, que tuvo que dejar su cargo hace algo más de dos meses al perder el pulso con el PNV).

La guerra soterrada por controlar la supervisión de la banca es un ejemplo de lucha de poder entre los diferentes bancos centrales nacionales y los ministerios de Economía o de Finanzas, que tienen su máxima expresión en el Mecanismo Único de Supervisión (MUS) y en el Mecanismo Único de Resolución (MUR). La supervisión bancaria europea que encabeza Danièle Nouy tiene previsto en los próximos meses segmentar la supervisión de las 130 entidades financieras que están vigiladas directamente por el MUS en cinco grupos. Cuatro de ellos estarían controlados por el BCE.

El objetivo es que las entidades más solventes, o lo que es lo mismo, con la ratio de capital más alto, se situarían en el primer grupo. En un segundo estarían las firmas igualmente solventes, pero con un escalón inferior de ratio de capital. Ya en un tercero se situarían las que necesitan una vigilancia más estrecha, con medidas de control y exigencias más estrictas al tener una solvencia más ajustada. Y en un cuarto grupo, las que necesitan una vigilancia continúa al tener una ratio que roza la mínima exigida.

En este grupo los inspectores del MUS marcarían todos los pasos que deberían seguir las entidades financieras. Su estrategia en cuanto a expansión, dividendo, beneficio u objetivos de capital estarían dictados por el BCE, sería como una seudointervención temporal. La idea sería lograr que mejoren su solvencia y evitar acudir al MUR o FROB europeo.

Sería en este quinto grupo, ya dependiente del MUR, donde se buscaría una solución para evitar que la resolución de una entidad débil suponga un nuevo coste al contribuyente. Y es aquí donde los banqueros entienden que los Gobiernos europeos han encontrado una vía perfecta para poder controlar finalmente al sector financiero, palanca de la economía de un país del que nunca han querido perder su influencia. “Aunque parece inevitable que la política o, mejor dicho, los gobiernos, se cuelen en las decisiones del MUS, se intenta que las decisiones se adopten de forma unánime y los intereses políticos queden relegados a un tercer plano. Pero en el proceso de resolución de las entidades la política manda mucho”, explica un conocido ejecutivo financiero.

Y como ejemplo un botón. “No se pueden olvidar las tensiones que se crearon entre el Banco de España y Economía al debatir quién debía controlar el nuevo FROB en el país. Al final, ganó Economía, que ya la semana pasada anunció el nombramiento de Jaime Ponce como presidente del nuevo organismo. Y la influencia de Ponce en el sector será muy importante. Será el representante español en el MUR durante los próximos cinco años”, explica un consejero delegado de un banco español. “Lo cierto es que su nombramiento ha pasado muy de puntillas en la prensa. Se ha recogido pero nadie le ha dado la importancia que tiene el cargo”, afirma otro ejecutivo del sector.

Y mientras se completan los organigramas de los nuevos fondos europeos de rescate que conformarán a su vez el Mecanismo Único de Resolución, los bancos españoles siguen buscando vías para captar capital. El problema es que los supervisores internacionales siguen introduciendo normativas que reclaman mayores ratios de capital al sector.

En función de ellas, el supervisor europeo situará en unos meses a los bancos en un grupo u otro de los cinco creados (cuatro para los sanos y un quinto para los que necesiten someterse a un proceso de resolución).

La banca española estará entre las más solventes de Europa, pero ningún banco pasará a coronar el grupo I. “Según nos están comunicando todos o casi todos estaremos supervisdados por el grupo II”, explica un banquero.

Y, cambiando de asunto, aunque bastante vinculado al anterior, también en el Banco de España hay grandes diferencias de conceptos en las fórmulas de supervisión. El informe que ha elaborado la institución que dirige Luis María Linde sobre las conclusiones de los escritos de los dos peritos del caso Bankia, Víctor Sánchez, y Antonio Busquets, sobre los errores de supervisión y de contabilidad en la salida a Bolsa de la entidad y sobre la reformulación de sus cuentas realizadas tanto por Rodrigo Rato, como por su sucesor tras su nacionalización, José Ignacio Goirigolzarri, contradice los argumentos de ambos técnicos. El Banco de España no comparte el trabajo realizado por sus dos inspectores, lo que enrarece aún más el proceso judicial.