Bruselas acoge con frialdad el plan griego

Merkel ignora la propuesta de Syriza y da largas a Atenas

El primer ministro italiano Matteo Renzi y el griego, Alexis Tsipras.
El primer ministro italiano Matteo Renzi y el griego, Alexis Tsipras. REUTERS

El gobierno griego prosigue su gira por Europa a la búsqueda de aliados para su plan de reestructuración de la deuda. Alexis Tsipras recibió hoy en Roma el respaldo, más moral que efectivo, del primer ministro italiano, Matteo Renzi. Pero el primer ministro griego, que el jueves visita Bruselas y París, todavía no ha logrado ni un gesto de la canciller alemana, Angela Merkel.

Berlín se ha limitado a señalar que hace falta tiempo para que Atenas se aclare, lo que anticipa una guerra de nervios entre las dos capitales en la que el tiempo puede jugar en contra de Grecia, por su falta de recursos, pero que podría volverse contra Alemania y el resto de la zona euro si el proceso de negociación descarrila finalmente.

El ministro griego de Finanzas, Yanis Varoufakis, anunció el lunes en Londres una nueva oferta, que pasaría por renunciar a la quita y sustituirla por un canje de bonos para supeditar el reembolso de la deuda a determinadas cotas de crecimiento de la economía europea.

Pero el ministro no ha concretado los detalles. Y el Gobierno de_Syriza señala en Atenas que la propuesta equivale a una quita mientras intenta presentarla en las capitales europeas como un reintegro completo de la deuda. Fuentes europeas acogieron ayer con frialdad el plan griego. Esas fuentes se niegan a comentarlo mientras no se presente oficialmente, pero anticipan dificultades, sobre todo, en cuanto a que el BCE pueda aceptar que los bonos griegos en su poder se conviertan en deuda perpetua, como desea Atenas.

La respuesta de Berlín fue la indiferencia. Merkel hizo caso omiso de los planes griegos y confirmó su imagen de canciller de plomo. “El nuevo Gobierno griego todavía está buscando definir su posición, lo cual es muy normal si se tiene en cuenta que lleva pocos días en el cargo”, señaló Merkel en Berlín. Y en una clara señal del viacrucis que le espera a Tsipras, la canciller añadió que, una vez que el primer ministro griego defina su posición, ”habrá tiempo” para negociar.

Merkel ha demostrado desde el comienzo de la crisis de la deuda en 2010 su capacidad para apurar los plazos de negociación, una táctica que a veces le ha permitido desconcertar al contrincante y otras solo ha provocado que el problema se agravase y que la solución saliese más cara.

Berlín parece dispuesto a aplicar de nuevo la misma fórmula para imponer su tempo de negociación al equipo de Tsipras, tan impetuoso como poco experimentado. La canciller sigue sin dar señales de querer reunirse con Tsipras. Y su ministro de Finanzas, Wolfgang Schäuble, no recibirá a Varoufakis hasta el jueves, después de que el griego haya recorrido las principales capitales europeas.

En ocho días, Tsipras y Varoufakis se han lanzado a una frenética campaña que les ha reportado una gran cobertura mediática, pero en la que no han conseguido nuevos aliados, más allá del apoyo distante de Italia o Francia. En cambio se han granjeado la animadversión del presidente del eurogrupo, Jeroen Dijsselbloem, que salió visiblemente contrariado tras reunirse la semana pasada con Varoufakis.

La gira griega desembocará la semana que viene en Bruselas, donde el día 12 Tsipras asistirá a su primera cumbre europea. Poco antes, Varoufakis podría estrenarse en el Eurogrupo, si Dijsselbloem convoca una reunión extraordinaria como parece probable.

A partir de esas citas, empezará la cuenta atrás hacia el final del rescate griego, que concluye el 28 de febrero. Si Atenas mantiene su negativa a solicitar una prórroga técnica, perdería los 1.800 millones de euros del último tramo así como los 11.000 millones de euros reservados para la recapitalización bancaria y 3.800 millones que le transferirían los bancos centrales.

El tiempo pues, parece jugar a favor de Merkel. Pero en 2010 también lo parecía. La parsimonia de la canciller retrasó entonces el rescate de Grecia y de una factura inicial estimada en 30.000 millones de euros se pasó poco después a 110.000 millones y ahora ya va camino del cuarto de billón de euros, más una quita al acreedor privado y otra amenazando al público.

La banca griega empieza a depender del BCE

La guerra de nervios entre Berlín y Atenas se ha cobrado ya la primera víctima: tres de los cuatro grandes bancos griegos han tenido que recurrir a las líneas de liquidez de emergencia de su banco central para hacer frente a la creciente retirada de depósitos. En los últimos 15 días, según datos revelados ayer por la agencia Reuters, esas entidades han necesitado una inyección de 2.000 millones de euros, cifra relativamente baja pero que muestra el nerviosismo de los ahorradores griegos.

En principio el Banco de Grecia puede facilitar esa liquidez (conocidas por sus siglas en inglés, ELA) mientras no se lo impida el Banco Central Europeo. En 2013, el BCE forzó el rescate de Chipre al vetar esas líneas. El Consejo de Gobierno del BCE se reúne hoy en Fráncfort y no se espera que cierre el grifo del ELA a Grecia.

Pero el BCE ha advertido que si Grecia no llega a a un acuerdo con la zona euro sobre la continuidad o no del rescate, podría negarse a aceptar los títulos de deuda griega como colaterales.

Esa decisión limitaría la capacidad de los bancos griegos para obtener liquidez y restringiría la capacidad del gobierno griego para financiarse, pues sus emisiones de deuda a corto plazo suele colocarlas entre sus propios bancos. Según la prensa griega, Atenas va a pedir al Eurogrupo y al BCE que le autorice a emitir 10.000 millones de euros más en letras (hasta 25.000 millones de euros) para financiarse en los próximos meses. Hoy mismo, el presidente del BCE, Mario Draghi, se reunirá en Fráncfort, con el ministro griego de Finanzas, Yanis Varoufakis.