Mario Alonso, presidente de Auren y del ICJCE

“Gracias al auditor la economía no ha ido a peor”

"Elaboramos más de 60.000 informes anuales y cuestionados hay pocos"

"Se deberían hacer auditorías en el sector público”

“Gracias al auditor la economía no ha ido a peor”

Tiene tablas. No en vano, durante un tiempo fue cantante y guitarra del grupo Mario Tenia y los Solitarios, actividad que compaginó con el estudio de la carrera de Económicas y de Matemáticas. Al final, Mario Alonso, nacido en Badajoz hace 53 años, decidió dedicarse a su verdadera vocación, la auditoría. Estudió también Derecho, y ahora preside la firma de servicios profesionales Auren, que fundó hace 16 años y que ha ido adquiriendo tamaño a través de aperturas y de integraciones. Tiene 15 oficinas y está presente en todo el mundo a través de Antea, una red internacional de 26 firmas de auditoría dirigida desde España que integra a 700 profesionales de 60 países.

Lidera el Instituto de Censores Jurados de Cuentas (ICJCE), colectivo bastante cuestionado en los últimos tiempos. El pasado diciembre, el Consejo de Ministros aprobó el anteproyecto de Ley de Auditoría de Cuentas, tal y como marca la normativa, con el fin de aumentar la transparencia e independencia del auditor.

¿Cómo afronta el sector un momento tan convulso?

Los cambios que se están produciendo tienen su origen en el papel de las auditoras en la crisis. Con la reforma y la directiva europea se producen cambios relevantes en la profesión. Se obliga a la rotación de las auditoras cada diez años como primera opción, y la prohibición de la prestación de otros servicios. El objetivo es reforzar las medidas de independencia. En España está en proceso legislativo y no podemos apartarnos de lo que se legisla en Europa; no entrará en vigor hasta junio de 2016 y es importante ver qué hacen otros países. Nos preocupa ser cumplidores con la normativa que ofrezca seguridad jurídica, de manera que sepamos a qué atenernos. La ley debe favorecer al sector, a las pequeñas y medianas auditoras, que se den facilidades para que puedan establecer alianzas.

¿La nueva ley les resta independencia?

Somos una profesión extremadamente regulada, controlada, y ahora vamos a una mayor regulación. El fin debe ser mejorar la calidad, y nosotros ya hemos presentado nuestras alegaciones.

En sonados fraudes económicos ha fallado el supervisor, ¿no hacen ustedes autocrítica?

Constantemente. Estamos en permanente cambio. Podríamos haber hecho más en la crisis, pero elaboramos más de 60.000 informes anuales y cuestionados hay pocos. Aportamos valor a la economía; gracias a nosotros la crisis no ha sido peor. Las transacciones económicas, las relaciones humanas, se basan en la confianza, y para ello es fundamental la transparencia. Y se deberían hacer auditorías en el sector público.

¿Es la asignatura pendiente?

Sin duda, y tendría que haber mayor colaboración con la Administración. Es necesario el auditor del sector público. No existe obligatoriedad. En España hay 8.000 ayuntamientos y solo un 6% hace auditoría. Debería ser obligatorio; la Administración no rinde cuentas porque no hay una iniciativa pública al respecto. No demonicemos a un sector que es muy escrupuloso con el trabajo que realiza.

No siempre es así. En los noventa, la auditora más importante del mundo, Arthur Andersen, desapareció después del fraude de Enron.

Las auditoras tenemos responsabilidades. Puede pasar un caso así, pero sabemos cuál es nuestra función, debemos ser muy cuidadosos. La calidad y la ética son banderas del auditor. Tenemos los mejores profesionales para opinar sobre si unas cuentas responden o no a unos principios marcados. La ética no tiene sentido sin la independencia. Vivimos de nuestra reputación intachable, aunque ahora estamos en un momento de cambio.

¿Cuál es la función del auditor?

No solo auditar el pasado, sino minimizar los riesgos del futuro. Vigilar que las empresas tengan un adecuado control interno. El auditor tiene que anticiparse. Otro reto importante es elaborar un informe integrado, con la información económica, financiera... El mundo es cada vez más complejo y hay que hacer una evaluación completa.

¿Cómo puede una empresa engañar a un auditor?

Del mismo modo que puede engañar a otros, a los accionistas, a los proveedores. En la medida en la que una empresa tenga un artificio importante, la falsificación de documentos y engañar es posible. No es fácil, pero es posible. El trabajo del auditor no es buscar un fraude, el objetivo es dar una opinión global.

¿Y si encuentran un fraude, a quién se lo comunican?

A las autoridades o a la empresa, depende de quién haya cometido el fraude. No se nos puede culpabilizar por no haber descubierto un fraude.

El ciudadano, la opinión pública, ¿entiende la labor del auditor?

En relación con esta tarea queda mucho por hacer. Deberíamos explicar mucho más para qué servimos, cuáles son nuestras limitaciones. Estamos en formación permanente, hacemos un trabajo digno, aunque no somos infalibles.

¿Hay cabida en el mercado para las pequeñas y medianas auditoras o el negocio se lo reparten las grandes?

En las firmas profesionales hay una concentración en las big four, pero las pequeñas y las medianas jugamos un papel importante.

Preside la firma Auren, con 15 oficinas. ¿Qué les diferencia?

Hemos hecho un cambio de imagen, queremos estar más próximos al cliente, con más disponibilidad, flexibilidad y dando valor añadido. Ya no se venden horas, ahora hay que ser multidisciplinar. Contamos con una amplia gama de servicios, somos la única firma española con desarrollo de estructura internacional.

¿El tamaño importa en su sector?

En nuestro caso hemos adquirido tamaño por la vía de las integraciones y de la apertura de oficinas. Este año hemos añadido un despacho jurídico, de corporate, y también hemos abierto en Colombia y en Pamplona. Las asignaturas pendientes son Reino Unido y Francia. Esperamos elevar un 50% el volumen de negocio en los próximos tres años.

¿Las auditoras no tienen incompatibilidades para prestar otro tipo de servicios profesionales?

Es difícil generalizar, pero ya nos autocensuramos nosotros; no se debe establecer en una normativa, ya tenemos nuestras propias medidas, ya renunciamos a trabajos que vemos incompatibles. Auren es un ejemplo de cómo somos escrupulosos con estos temas. El valor que tiene nuestra marca tiene que ver con la reputación. Vivimos en el mundo de la marca y esta depende de la reputación.

¿Notan la recuperación económica en los servicios profesionales?

Muchas empresas han desaparecido y otras han entrado en una guerra de precios. Los servicios profesionales están infravalorados. Deben tener unos honorarios razonables. La tarifa media en auditoría ha caído un 2,5% y eso nos ha puesto en serias dificultades, aunque algo de brotes puede que sí se note: empresas que tienen aplazadas nuevas inversiones, planes estratégicos, hay cierta confianza. Mejor no echar las campanas al vuelo.