Editorial

La contribución del Foro de Davos

El Foro de Davos busca esta semana soluciones al desequilibrio en el crecimiento y a un reparto más equitativo de la riqueza generada. Una cincuentena de jefes de Estado y Gobierno y cerca de 2.500 representantes empresariales de todos los sectores llegan a las montañas suizas en un entorno más cambiante que nunca, y con la percepción de que el crecimiento mundial será más modesto este año que en el pasado. Llegan sorprendidos por el desplome de un petróleo que ha puesto a varios productores contra las cuerdas; envueltos en la hipotética compra masiva de deuda del BCE que de antemano ha convulsionado a todas las divisas periféricas del continente; y con los mismas incertidumbres geopolíticas, si no más, que hace un año.

La gran asignatura de la gobernanza económica mundial, a cuya corrección está en parte llamado el foro de Davos, es acoplar el crecimiento en todas las zonas monetarias como mejor fórmula para alcanzar el potencial de la economía y aprovecharlo en un reparto más equitativo y eficiente que, como en las últimas décadas, intensificara la reducción global de la desigualdad, frenada con la crisis. Allí se deciden las tendencias futuras de la inversión en el mundo, pero cada vez se demanda más el imperativo ético de hacerlo en beneficio de toda la comunidad en una economía tan globalizada.