Tribuna

Los tres pilares que sustentan las compañías

Las transformaciones en el mundo empresarial son constantes y se han producido a lo largo de la historia, pero últimamente es tal cantidad y a tanta velocidad que dan vértigo. Si los últimos años han sido perturbadores, los siguientes serán inquietantes, imperará el dinamismo, la heterogeneidad, la diversidad, la incertidumbre, la hibridación, la complejidad y la inestabilidad.

En este contexto las empresas, independientemente del sector de actividad o de su dimensión, deben tener como criterios el entusiasmo perseverante, la firmeza incansable y el esfuerzo vigilante. Pero deberán poseer tres elementos fundamentales que las caracterizarán y que favorecerán su desarrollo estratégico y su evolución: innovación, tecnología e internacionalización.

La innovación como una forma de utilizar el conocimiento para conseguir que las cosas mejoren. Innovar no es invertir exclusivamente en I+D, sino también desarrollar nuevas ideas en el modo de hacer empresas, buscar nuevos mercados, fomentar el asociacionismo empresarial, encontrar nuevas vías de comercialización de productos, potenciar la diferenciación o el diseño del producto y mejorar las formas de producción.

Por ello, hay que tener en cuenta que la pequeña y mediana empresa podrá competir cada vez menos siguiendo la estrategia de liderazgo de costes, pues la competencia puede llegar de cualquier parte del mundo, por lo que deberá establecer una apuesta firme por la innovación y diferenciación para conseguir ventaja competitiva.

La innovación tradicional en I+D está perdiendo peso para dar paso a nuevas formas de innovación: la cocreación, innovación abierta o la innovación dirigida por los usuarios del producto o servicio. Además es incluso más económica y efectiva que la tradicional y se obtienen mejores resultados en relación a la adecuación al mercado.

La innovación solo es posible a través del convencimiento y de las ideas de los empresarios. Porque no existe la innovación, existen los innovadores. Necesitamos estimular en nuestros empleados esa capacidad, que el sistema educativo tradicional no ha conseguido. Si los nuevos productos, servicios o procesos no son aceptados por el mercado, no existe ninguna innovación. Se trata de un proceso que debe trabajar la empresa desde dentro y que requiere cambiar procedimientos, organizaciones, hábitos y, en ocasiones, transformar personas.

Los dos errores más comunes de la innovación son hacer un producto innovador y olvidarse de hacer una empresa innovadora, y que como creíamos que era innovador nos lo quitaran de las manos y no lo testamos en el mercado.

Los emprendedores tienen que crear empresas novedosas, los empresarios y ejecutivos transformar sus empresas en innovadoras, y los centros de educación desarrollar el capital humano innovador.

El segundo pilar es la aplicación de la tecnología desarrollada por la propia empresa o incorporada desde el exterior e implementada en el modelo de negocio para generar valor en los productos o servicios.

Los cambios tecnológicos son clave para el mantenimiento de la competitividad, pero se encuentran vinculados a los cambios organizativos y a la capacidad de asimilación de la nueva tecnología. Ello implica que los empleados salgan de sus rutinas y se adapten a las novedades, por lo que debe gestionarse correctamente.

Incorporar la vigilancia tecnológica es fundamental para encontrar la tecnología que nos permita vender más, llegando más lejos, con mayores márgenes y menores costes para nuestro cliente. Para mantener esta vigilancia debe existir un ecosistema innovador.

Adoptar nuevas tecnologías no debe verse únicamente como una amenaza en la destrucción de la cadena de valor tradicional, sino también como una potente herramienta de la competitividad y eficiencia de las empresas

Y el tercero es la internacionalización, entendida como el conjunto de actividades empresariales que desarrolla la compañía fuera de sus mercados geográficos naturales para conseguir un posicionamiento estratégico a nivel global.

Además, genera muchos beneficios en las empresas y en sus diferentes áreas: de producción, marketing, comercial, financiera y recursos humanos. Y a nivel estratégico permite diversificar el riesgo empresarial de operar en un solo mercado, por la implantación en diferentes zonas del mundo.

Los tres pilares forman un triángulo perfecto para el óptimo desarrollo en el entorno global del siglo XXI. Y no son independientes entre sí, sino que actúan de una forma unitaria. Con la innovación se obtiene permanencia y diferenciación en el mercado; con la tecnología, competitividad y eficiencia; y con la internacionalización, acceso a nuevos mercados y diversificación de riesgos.

Como consecuencia, la continuidad y el crecimiento de las empresas en los años venideros pasan necesariamente por incrementar estas capacidades. Son los tres pilares con los que se tienen que sustentar las compañías del siglo XXI.

José Luis Martín es CEO de BusinessGoOn.