Hambre de urna en 2015

Hambre de urna en 2015

Casi un tercio de los países de la UE votarán en 2015. El hambre de urna se extiende incluso entre los votantes más proclives a la abstención. Y aunque Angela Merkel no se presenta, la canciller alemana y su gestión de la crisis del euro estará presente en muchos países.

(Texto publicado en la versión digital y en papel de Cinco Días el 29 de diciembre de 2014)

La fuerza está siempre del lado de los gobernados”, escribía el pensador británico David Hume en el siglo XVII. Ese ímpetu irresistible parece llamado a manifestarse en casi toda Europa durante 2015, cuando casi un tercio de los 28 países de la UE celebrarán elecciones generales, en unos casos porque toca y en otros porque el Gobierno de turno ya no puede continuar.

La convocatoria de elecciones se ha convertido incluso en instrumento de negociación, como en el caso de Grecia, donde hoy el Parlamento celebra la tercera y última votación para elegir presidente de la República. Si no se logra la mayoría necesaria (como ha ocurrido en las dos votaciones anteriores), la Constitución griega obliga a disolver el Parlamento y convocar elecciones en un momento en que los sondeos otorgan amplia mayoría a la formación de izquierdas Syriza, equivalente al Podemos de España. En un gesto desesperado, el Gobierno griego (coalición populares y socialistas) de Antonis Samaras ha prometido adelantar las elecciones generales de 2016 a 2015 si su candidato a la presidencia, Stavros Dimas, logra hoy el respaldo necesario (180 votos de 300). De modo que, con o sin Dimas, Grecia se sumará a la larga lista de países que celebrará elecciones este año .

Más allá de los sondeos o del color del gobierno y oposición en cada país, el denominador común en toda Europa parece ser el hambre de urna de la opinión pública, deseosa de emitir su veredicto sobre sus diferentes administraciones.

La llamada de las urnas atrae incluso a la población más joven, cuya cuota de participación suele ser inferior a la de los tramos de edad más avanzada.

La movilización de los votantes puede interpretarse como un éxito democrático a nivel nacional, en claro contraste con unas elecciones al Parlamento Europeo que legislatura tras legislatura pierden atractivo. Para algunos gobernantes, sin embargo, la opinión de sus gobernados tras seis años de crisis puede marcar el final de su carrera política. La convocatoria sorprende a países, como Grecia o Portugal, enfangados todavía en una crisis que no parece tener final. A otros, como Finlandia, sufriendo los zarpazos de una recesión que tardó en llegar, pero que ya les ha arrebatado su flamante triple A y amenaza con castigar duramente a la población.

En España, se perciben las primeras señales de recuperación, pero no parecen suficientes para que el Gobierno de Mariano Rajoy pueda afrontar las urnas sin temor.Fuentes españolas aseguran que Moncloa había barajado un adelanto del calendario electoral. Pero la irrupción de Podemos en los comicios del pasado 25 de mayo al Parlamento Europeo y, sobre todo, la creciente incertidumbre sobre la evolución económica de la zona euro, condenan al equipo de Rajoy, con toda probabilidad, a agotar la legislatura.

Fuera de la zona euro tampoco impera la tranquilidad. Al primer ministro británico, David Cameron, parece servirle de poco un crecimiento del 3% (interanual). El líder conservador se acerca a las elecciones de mayo bajo la amenaza electoral de los eurófobos de UK Independence (UKip), que esperan un gran resultado gracias al temor a una inmigración presuntamente descontrolada por culpa de Bruselas.

Suecia, bastión tradicional de la estabilidad, también ha entrado en aguas turbulentas. El sábado, los grandes partidos lograron un acuerdo sobre la aprobación de los Presupuestos generales que evita, in extremis, la caída del actual gobierno, recién elegido, y la convocatoria de elecciones para el mes de marzo. Estocolmo temía que las urnas revalidasen o aumentasen los buenos resultados obtenidos en septiembre por los llamados Demócratas Suecos, un partido temido por sus posiciones xenófobas y de extrema derecha. Dinamarca, otro país con moneda propia, también acudirá a las urnas durante 2015.

Y en Polonia, donde la crisis económica ha pasado prácticamente desapercibida (el PIB ha crecido un 15% desde 2010), la salida prematura del primer ministro, Donald Tusk, para ocupar la presidencia del Consejo de la UE, ha sumido al país en un torbellino político y este año podría recuperar el poder el partido euroescéptico de Kaczynski, que tanta tensión generó entre Bruselas y Varsovia. En teoría, las dos grandes economías de la UE (Alemania y Francia) parecen librarse de este frenesí electoral. Pero la gran coalición de Angela Merkel (populares y socialistas) presenta fisuras. Y el presidente francés, François Hollande, sufre niveles de impopularidad sin precedentes. Tal vez tampoco se libren de la maldición de Goethe, citada por el historiador Josep Fontana: “No nos preocupa saber si el pueblo tiene algún derecho a derrocarnos, tan solo procuramos que no se sienta tentado a hacerlo”.

La imparable abstención en las europeas

Uno de los secretos mejor guardados en Bruselas durante 2014 ha sido la verdadera tasa de participación en las elecciones al Parlamento Europeo del pasado 25 de mayo. Durante varios meses, el Parlamento se aferró a las estimaciones que en la noche del 25-M mostraban una participación ligeramente por encima del 43% registrado en 2009. El dato parecía poner fin al aumento de la abstención, imparable desde que en 1979 se eligió por primera vez el Parlamento Europeo por sufragio universal. Pero las cifras definitivas han revelado que esta vez tampoco fue diferente y la participación ha seguido cayendo hasta el 42,5%, a pesar de que subió en Alemania y Francia, los dos países más poblados de la UE. En España, alcanzó un mínimo histórico del 43,8%. El Parlamento Europeo intenta consolarse recordando que la participación también ha caído desde 1945 en las elecciones nacionales, desde el 80% de media al 60%. Pero se trata de un falso alivio, porque en las europeas la abstención supera ya el 60% en 13 de los 28 países. En Eslovaquia y República checa la participación no llegó siquiera al 20%, lo que no impedirá a los europarlamentarios de esos países ejercer su derecho de voto ni cobrar, como el resto, 8.000 euros al mes más 4.000 euros de gastos. La persistente indiferencia de los votantes hacia el Europarlamento, presidido por Martin Schulz, contrasta con el hambre de urna que recorre un continente que sigue sin identificarse electoralmente con Estrasburgo.

Foto: Angela Merkel, tras una cumbre europea en Bruselas (B. dM., 31-8-14)

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