España no podrá votar en la decisiva reunión que se celebrará este mes

El ingreso de Lituania en el euro obliga a cambiar el voto del BCE

El gobernador del Banco Central Europeo (BCE), Mario Draghi.
El gobernador del Banco Central Europeo (BCE), Mario Draghi. REUTERS

El euro, nacido en 1999, celebra sus 15 años con la incorporación de un nuevo socio, lo que según Bruselas demuestra la excelente salud de la divisa común europea a pesar de los seis años largos de crisis. Lituania es ya el socio número 19 de la Unión Monetaria Europea, por lo que el euro ya circula por todas las repúblicas bálticas y por siete de los 10 países que ingresaron en la UE en 2004. De ese grupo, ya solo faltan por incorporarse Polonia, Hungría y la República checa.

El ingreso de Lituania, un país de 3,3 millones de habitantes, no supondrá un gran impacto económico para una Unión Monetaria que ya sumaba 333 millones de habitantes. Pero la incorporación de la antigua república soviética está cargada de simbolismo geoestratégico, en un momento de renovada tensión con Moscú, y tendrá una consecuencia importante para la organización interna de la zona euro, pues obligará a cambiar por primera vez el sistema de voto del BCE.

Hasta ahora, todos los gobernadores de los bancos centrales de los 18 países de la zona euro tenían derecho de voto en el Consejo de Gobierno del BCE (el encargado de tomar decisiones como la subida o bajada de los tipos de interés). Pero las normas prevén que, al llegar a 19, se introduzca un sistema de rotación para limitar a 21 el número de miembros con voto del Consejo. Los seis miembros del Comité Ejecutivo siempre tendrán derecho de voto. Las 15 plazas restantes se repartirán a partir de este mes entre los gobernadores de los bancos centrales, que rotarán en función del tamaño de su país.

Los cinco socios más grandes (Alemania, Francia, Italia, Epaña y Holanda) se repartirán cuatro votos, por lo que cada uno de ellos perderá su turno cada cuatro meses. La suerte ha querido que al gobernador del Banco de España, Luis María Linde, le corresponda quedarse sin derecho de voto en enero, junio y noviembre de 2015. Seis reuniones en total, tres de ellas de política monetaria, incluida la cita del próximo 22 de enero, en la que, según muchos analistas, el presidente del BCE, Mario Draghi, intentará sacar adelante su plan de compra de deuda para disipar el peligro de recesión y deflación que acecha a la zona euro.

En la cita de enero también perderán su derecho de voto países como Irlanda o Grecia, previsiblemente favorables a las ideas de Draghi. En cambio, los gobernadores más reacios a la compra de deuda, como los de Alemania, Austria, Holanda o Finlandia, mantienen este mes su pleno derecho de voto. El presidente del Bundesbank, Jens Weidmann, que lidera el frente anti-Draghi, no perderá su derecho de voto hasta mayo.

El BCE resta importancia a las consecuencias de la rotación e insiste en que la mayoría de las decisiones se adoptan por consenso, no por votación de los miembros del Consejo. Pero la tensión en ese órgano ha ido a más desde que Draghi inició en agosto una ofensiva para lograr del BCE una intervención monetaria masiva, similar a la adoptada por la Reserva Federal o el Banco de Inglaterra al comienzo de la crisis.

Draghi considera que esa intervención (en forma de compra de deuda corporativa o pública) resulta ya imprescindible para apuntalar la recuperación definitiva de la zona euro. Pero tanto el Gobierno alemán como el Bundesbank consideran innecesaria esa intervención e, incluso, contraproducente porque reduciría la presión para que países como Francia o Italia acometan reformas y recortes.

Al gobernador del Banco de Lituania sí que le ha correspondido en suerte votar en la trascendental reunión del 22 de enero. Lituania forma parte del grupo de 14 países que deberán repartirse 11 votos entre ellos, por lo que perderán el derecho de voto con mayor frecuencia. Cada uno de esos países dejará de votar durante tres meses seguidos, aunque como el resto de miembros del Consejo de Gobierno podrán asistir e intervenir durante las deliberaciones.

El nuevo socio y su giro en torno a la órbita de Berlín

Lituania, como muchos países del Este, podría girar en torno a la órbita de Berlín. El Bundesbank incluso se ha encargado de imprimir los 132 millones de billetes de euros que circulan por Lituania desde ayer. Las autoridades nacionales sí que se han encargado de acuñar los 370 millones de monedas, en cuya cara nacional figurará Vytis, el emblema nacional representado por un guerrero medieval a caballo.

Los sondeos indican que la nueva moneda no genera gran entusiasmo entre la población, pues solo la mitad se declara partidaria del euro. Los estudios oficiales anticipan una rebaja de los tipos de interés y del coste de la deuda, pero admiten que el país deberá afrontar reformas si quiere aprovechar el potencial de la moneda única para generar crecimiento y empleo. El tránsito al euro también podría generar un repunte de ciertos precios, aunque en esta ocasión el país vive un entorno de inflación muy baja. Lituania superó el año pasado el examen para incorporarse a la moneda única con una inflación de solo el 0,6%, menos de la mitad de lo que se le exígía (1,3%). Curiosamente, es el único país que ha tenido que solicitar dos veces su ingreso en el euro, porque la primera, en 2006, “suspendió” precisamente por la inflación.

Ahora, ha superado con creces la prueba, con un déficit del 2,1% (por debajo del 3%) y una deuda del 39,4% (inferior al 60%). Tan solo ha habido una pequeña discrepancia lingüística: Lituania escribe euro en itálica, porque la considera extranjera, dado que en su idioma debería escribirse con el nominativo euras. El BCE ha aceptado esa peculiariedad siempre y cuando no tenga consecuencias legales. En cualquier caso, es probable que el tipo de letra sea el menor de los problemas que deban afrontar los lituanos.