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Influencia primordial

En un mundo de tipos de interés muy bajos, inflación inactiva y un incómodamente alto apalancamiento, las autoridades monetarias tienen que jugar con todo lo que puede tener consecuencias para la estabilidad financiera.

La nueva disposición no ha hecho felices a muchos banqueros centrales. Ellos prefieren guiar al caballo económico utilizando solo el suave látigo de los tipos de interés. Sin embargo, la mayoría de las economías siguen transitando con problemas por un complicado camino de desinflación. Las autoridades deben controlar la velocidad con las normas macroprudenciales.

El mecanismo tiene muchas posibilidades: desde directrices informales a límites sobre los préstamos y a quién hacerlos. Los impuestos, para limitar los aumentos de precios en propiedades residenciales o alguna otra clase de activos, son un complemento opcional. La idea es controlar directamente cualquier fuente potencial de vulnerabilidad financiera, sin cambiar el coste del dinero.

La herramienta cayó en desuso durante algunas décadas, pero ahora debe reaparecer. Durante los últimos años, Canadá, Noruega, Suecia, Hong Kong y Singapur han impuesto límites a los préstamos para vivienda. Australia también está considerando este tipo de limitaciones. En junio pasado, el Banco de Inglaterra pidió a las entidades que limitaran los créditos hipotecarios de alto riesgo.

Las pruebas son mixtas. Un reciente estudio realizado por economistas del Fondo Monetario Internacional sugiere que las políticas que influyen en el comportamiento de las entidades pueden ser más eficaces en las economías avanzadas; los mercados emergentes podrían necesitar varias medidas.

Los controles de capital no reintegrables son un límite excesivo para las naciones más ricas. Pero incluso Estados Unidos, está pensando en utilizar estas medidas. En julio, la presidenta de la Reserva Federal, Janet Yellen, argumentó que las políticas tales como los límites al apalancamiento y la financiación a corto plazo van a tener un “papel principal” para garantizar la estabilidad. La intromisión se está convirtiendo en la nueva normalidad.