Editorial

Una apuesta inteligente para el futuro

La revolución de las smart cities o ciudades inteligentes se extiende poco a poco por España. Tras La Coruña, Madrid y Málaga, llega ahora el turno de Barcelona. Ocho empresas –Abertis y Accenture, que acuden juntas; T-Systems; Cap Gemini y Schneider, que forman otra UTE; Cofely (filial de la francesa GDF); Indra e IBM– compiten por adjudicarse el proyecto de lo que será la futura Barcelona Digital. El ayuntamiento quiere instalar una plataforma tecnológica urbana –una suerte de cerebro de la ciudad– que recoja e integre en tiempo real millones de datos y permita realizar una gestión más inteligente de los servicios públicos. No en vano, el modelo de las smart cities parte de una singular materia prima –la información– aplicada a optimizar los recursos disponibles y mejorar así la calidad de vida en las urbes. Se trata en sí misma de una necesidad creciente, dado que las ciudades están llamadas a aglutinar hasta el 80% de la población mundial en el futuro y los recursos financieros de que disponen son cada vez más ajustados y sometidos a mayor control. Las posibilidades que ofrece el modelo de smart city, presente ya en varias ciudades del mundo, son enormes. Desde mediciones en tiempo real del tráfico, ocupación de estacionamientos públicos o niveles de carga de los contenedores de basura hasta control de la polución o alertas para emergencias, entres otras muchas opciones.

En el caso de Barcelona Digital, aunque el montante del contrato no es abultado –2,2 millones de euros por dos años–, el potencial que supone extender ese modelo a toda la red de ayuntamientos de la geografía española constituye en sí mismo un suculento aliciente para las empresas tecnológicas. A ello hay que añadir que el objetivo de la ciudad inteligente no es solo mejorar la gestión de los servicios municipales actuales, sino también facilitar el desarrollo de otros nuevos. Posicionarse en este segmento facilita, además, la entrada en un mercado con amplias posibilidades más allá de nuestras fronteras. Un ejemplo de ello es la experiencia de Ferrovial, que colabora en los servicios inteligentes que ha desarrollado la ciudad británica de Birmingham.

Más allá de las posibilidades de negocio empresarial, las ciudades inteligentes pueden convertirse también en una pieza clave a la hora de equilibrar las finanzas públicas de los ayuntamientos españoles. El ahorro de costes y la mejora en la gestión de recursos que supone este modelo resultan especialmente estratégicos en una coyuntura económica como la actual, que exige altos niveles de austeridad, contención de costes y eficacia en la prestación de servicios. Pero también constituye una oportunidad para que España se ponga a la cabeza en un modelo de servicios municipales pensado no solo para el presente, sino sobre todo para el futuro.