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China se queda en casa en 2015

Siempre se dice que las compañías chinas están planeando un gran impulso hacia el extranjero. Hasta ahora, el aumento esperado en adquisiciones transfronterizas por empresas del gigante asiático ha fracasado en gran medida a la hora de materializarse. En 2015, la mayoría decidirá una vez más que el crecimiento en el extranjero puede esperar.

A tres semanas para que acabe el año, las fusiones y adquisiciones por empresas chinas ascendieron a solo 52.000 millones de dólares (unos 42.200 millones de euros). Esa es una quinta parte menos que en el año anterior y la cifra más baja desde 2009. La cifra moderada destaca en contraste con el auge de las fusiones globales, donde el volumen hasta la fecha está un 37% por encima del total del año pasado.

Los grupos chinos tienen buenas razones para ser cautelosos. En muchos países ahora les espera una acogida hostil por parte de los reguladores y los políticos. Las autoridades canadienses pasaron meses angustiosos hasta que finalmente aprobaron la adquisición por 18.000 millones de dólares de Nexen por CNOOC, el gigante petrolero estatal china en 2012.

A veces, el rechazo es lo mejor. Los ejecutivos que pueden unir la cultura empresarial china e internacional son escasos. La expansión en el extranjero también implica hacerse cargo de sus competidores extranjeros en su propia casa. Algunos, como el grupo de tecnología Lenovo –que acaba de comprar el fabricante de teléfonos móviles Motorola y el negocio de servidores pequeños de IBM– han aprendido cómo operar en mercados extranjeros. Pero tales ejemplos son aún escasos.

A pesar de la desaceleración, la segunda mayor economía del mundo ofrece un mejor crecimiento que casi cualquier otro país de gran tamaño. Muchos grupos decidirán con razón que ser cada vez más grande en China es un mejor uso para su capital que aventurarse en el extranjero.