Editorial

Una CEOE capaz de mirar el futuro

El ajustado resultado con el que se han saldado las elecciones a la presidencia de CEOE, en las que Juan Rosell ha sido reelegido por 33 votos, sobre un censo total 768, hace presagiar –al menos en sus inicios– un mandato complejo, con una patronal fuertemente dividida y marcado por la necesidad de una urgente renovación tanto en fondo como en formas. Rosell dispone de cuatro años más para hacer frente a una hoja de ruta que incluye rediseñar una nueva CEOE cuyas grandes notas distintivas incluyan contar con la máxima agilidad posible en la toma de decisiones, con la efectividad necesaria para aplicarlas sobre el terreno y con una rigurosa y absoluta transparencia en su gobernanza.

Sin duda, el mandato de Rosell parte con handicaps bien conocidos. Si su irrupción en la presidencia de CEOE hace cuatro años llegó precedida de un ambiente de contaminación institucional –derivada de los problemas con la justicia de su predecesor–, el final de su mandato ha estado marcado por las sospechas de presunta corrupción en que se han visto envueltos algunos de sus respaldos a lo largo de estos años. A ello hay que sumar las dificultades que ha traído consigo la crisis y la confirmación de problemas serios –como el mal uso de los instrumentos de formación continua, en manos de patronales y sindicatos– que han llevado a la puesta en revisión de un modelo de negociación entre agentes sociales que tiene que adaptarse a las exigencias del nuevo escenario económico.

Precisamente por ello, el nuevo presidente de la CEOE tiene ante sí el reto, pero más aún el deber, de solventar la división interna que existe en este momento en la patronal. Si las primeras declaraciones de Rosell tras la victoria, que incluyeron palabras de reproche a algunos dirigentes que no apoyaron su candidatura, no apuntaban en esa dirección, no ha ocurrido lo mismo con su llamada a la responsabilidad y su mención explícita a algo que constituye una evidencia: el hecho de que lo que precisan los empresarios españoles en este momento son servicios, respaldo y sinergias, “y no batallitas, y mucho menos personalismos”.

Entre los nuevos objetivos a los que debe aspirar ese nuevo modelo de patronal figura el tender puentes con otras organizaciones clave, como la Cámara de España y el Consejo Empresarial para la Competitividad, y trabajar conjuntamente en los fines que todas ellas comparten. Si los últimos cuatro años, marcados por una crisis de dureza inusitada, han sido difíciles, los cuatro próximos no parece que vayan a serlo menos. La necesidad de impulsar una recuperación que todavía no se ha consolidado y el enorme reto de responder a las ansias de regeneración de la vida pública y empresarial que demanda la sociedad española constituyen en sí mismos una tarea para la que CEOE necesitará tesón, pero sobre todo unidad y generosidad.