La pugna por el territorio socialdemócrata

Todo el mundo es ahora socialdemócrata; todo el mundo parece encontrar en las propuestas que combinan el capitalismo con medidas redistributivas la solución a la crisis y la reparación a sus víctimas. En España todo el mundo reclama como propio el territorio ideológico de centro en la campaña electoral más larga de la historia.

Tengo que reconocer que oyendo en la radio las propuestas que hacía la formación política Podemos, y aún sabiendo que quien lo hacía era el mismísimo Pablo Ibglesias, me sonaba a una oferta electoral que no me habría sorprendido oírsela a Pedro Sánchez, o incluso a José Luis Rodríguez Zapatero si estuviera en circulación. Subidas de impuestos, más a los que más tienen (que no es igual que a los que más ganan); reparto del empleo existente con una reducción de jornada; gasto público para reindustrializar el país; banca pública para movilizar el crédito allí donde la privada no quiere (y no puede) llegar; participación sindical en la gestión de las empresas.

La parte publicable del programa económico de Podemos (o del documento que serviría de base al programa económico) es reconocible; no es la primera vez que se oye en España. Otra cuestión es todo lo que se oculta detrás de este escaparate para buscar el respaldo de la centralidad electoral, y que no es otra cosa que los postulados más o menos reconocibles del socialismo real, o del socialismo latino aplicado en Venezuela, Bolivia e incluso, en parte, en Ecuador. Nadie tiene idea real de qué política económica aplicaría Iglesia si llegase al poder, porque la capacidad de maniobra es menor de la que él cree; pero yo me quedo con las ideas expuestas cuando trataba de abrirse camino en la selva política y largaba sin reparo alguno sus postulados socializantes, como los comunistas de toda la vida.

Pero socialdemocracia es lo que defiende el PSOE, o al menos eso pregonan sus líderes, con propuestas económicas más pegadas al terreno, y ciertamente ensayadas en países nórdicos en el pasdado. Eso sí: en el pasado. Porque hoy lo que siempre hemos entendido por socialdemocracia ha dejado paso a las políticas liberales en toda Europa, y solo resisten como reliquias a extinguir en algunos países. Aquellas economías que se resisten a flexibilizar sus estructuras productivas sufren el desprecio de los mercados en una economía globalizada, en la que el capital busca crecimiento y réditos rápidos. En los últimos 30 años los éxitos de las políticas económicas no han estado fundamentados en ideas socialdemócratas, si bien es cierto que la falta de regulación (liberal, liberal) ha hecho un flaco favor al capitalismo con una crisis de excesos financieros descomunal.

Pero volvamos al principio. Mientras en España el PSOE y Podemos pelean intelectualmente por el territorio socialdemócrata, algo que ellos sitúan en el centro del tablero electoral, al Gobierno de Rajoy le ha entrado un ataque en envidia y comienza a recostarse en las mismas zonas templadas del electorado, como un democristiano socializante.

Después de tres años de recortes para meter las cuentas del Estado en vereda, ha abierto la mano del gasto, y hasta la demanda estrella de los sindicatos ha sido aceptada. Pondrá en marcha un programa de subsidios para parados de larga duración con cargas familiares y de más de 45 años, que podrá ser, además, compatible con el empleo. No es mucho dinero (1.100 millones de euros), pero supone desembolsar algo que hasta hace poco negaba por considerar que el seguro de paro ya es lo suficientemente generoso como para desincentivar la búsqueda de un empleo.

Y veremos en las próximas semanas más gestos del mismo cariz,como reclaman los propios sindicatos, que ven ahora su oportunidad tras cuatro o cinco años desaparecidos. Pero no llegará la fiesta hasta el punto de elevar el salario mínimo interprofesional. Veremos movimientos para aliviar la carga financiera a las comunidades autónomas, porque las elecciones se echan encima y hay mucho poder en ellas y en los ayuntamientos que el Partido Popular no quiere perder sin pelear.

Socialdemócrata es una reforma fiscal que considera que deben pagar el tipo marginal máximo del IFPR quienes ganen más de 60.000 euros al año; y socialdemócratacristiano parece la miriada de ayudas a las familias que entran en vigor en enero.

En fin: socialdemócratas todos, aun que unos más que otros. La campaña electoral que se inicia ahora y culminará dentro de un año pondrá a prueba la capacidad de unos y otros para proponer cuestiones que sean financiables y que generen riqueza; pero los electores juzgarán también por qué se haga para acabar con una lacra como la corrupción, que está en infinidad de estamentos de la sociedad y que mina la confianza de la gente si no dispone de expectativas de futuro.

Comentarios

Podemos depende casi principalmente de su RBU (renta básica universal). Cuando ofreció la RBU para todos, la gente en masa empezó a votarles y subieron como la espuma. Desde que han cambiado de opinión y solo será para familias y personas con necesidades, sus perspectivas se han detenido; a la gente ya no les interesa tanto. Se podría decir que la RBU y el voto en Podemos está muy relacionado.
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