Editorial

Todo es posible si se mantiene la estabilidad fiscal

El secretario general del Partido Socialista Obrero Español (PSOE), Pedro Sánchez, esbozó ayer en el Foro CincoDías las líneas maestras de su programa económico, las directrices fundamentales para lograr una “nueva transición económica” encaminada a consolidar la competitividad del país. Seguramente con más conocimiento de causa que otros que lo han proclamado antes de forma abiertamente impostada, Sánchez pretende aplicar un programa socialdemócrata que respete la estabilidad fiscal, pero que proporcione oportunidades a todos y equilibre una política económica y unas leyes, a su juicio, demasiado sesgadas hacia los compromisos financieros. Una profunda reforma fiscal, en la que el abono de impuestos sea más proporcional a la capacidad económica, y con más intensidad en el caso de las grandes fortunas; una revisión completa de la legislación laboral para adaptarla a la realidad productiva y que descarta de plano las 35 horas semanales; y una apuesta diferente por la energía para hacerla más asequible a empresas y familias, y a ser posible con el consenso del Partido Popular (PP). Estas son las columnas vertebrales del programa económico del PSOE para concurrir a las elecciones explícitamente diferenciado del “planteamiento liberal” del Gobierno y del “extremismo irrealizable” de Podemos.

Todo ello, y una apuesta por la reindustrialización del país, amparado en la economía del conocimiento, tiene que situar a España en el término de una legislatura en el top ten del Banco Mundial de los países por su disposición para hacer negocios, con incentivos fiscales al emprendimiento, estímulo a ganar tamaño en las empresas, impulso de financiación pública y un marco concursal ágil. Pero mientras tales resultados de medio y largo plazo se construyen, el PSOE pretende subir el salario mínimo interprofesional (SMI), elevar las pensiones mínimas e incrementar las remuneraciones generales para enterrar el modelo de competitividad basado en la devaluación interna, exigiendo al BCE una mayor implicación para depreciar el euro y lograr así competitividad exterior.

Todas estas propuestas están estratégicamente bien diseñadas. No obstante, sus herramientas de corto plazo podrían retrasar la consecución de los objetivos generales, puesto que no son otra cosa que una sbida de los costes productivos cuando los niveles de competitividad de la economía están todavía cogidos por alfileres. Una situación similar a la que se encuentra el sostenimiento financiero del país, extremadamente vulnerable a cualquier tipo de shock externo por la dependencia de la financiación exterior. Para no desandar lo caminado en estabilidad financiera, que tanto ha costado alcanzar, el líder socialista debe perseverar aún más en su planteamiento de preservar la estabilidad financiera y fiscal del Estado.