Muchas son las compañías dispuestas a conceder minicréditos

¿Cuándo no pedir un minicrédito?

¿Cuándo no pedir un minicrédito?

Son cada vez más populares, sirven para cubrir una necesidad económica pequeña y el funcionamiento para conseguirlos es rápido, sin papeles y sin avales. ¿Qué es? Quizá una adivinanza sin mucha complicación, se trata de los minicréditos. Ese instrumento financiero que consiste en poder solicitar el préstamo de una pequeña cantidad de dinero y devolverlo en un periodo corto de tiempo. En pocos minutos se obtiene respuesta sobre la solicitud formulada, como también en pocos minutos se puede disponer del dinero. El acceso a este tipo de productos financieros es sencillo, con tan solo siendo mayor de edad y sin (generalmente) estar inscritos en una lista de impagos –para algunas compañías no es necesario ni aportar una justificación de ingresos como nómina o prestación por desempleo– se puede acceder a uno de ellos.

La crisis ha provocado la proliferación de compañías dispuestas a proporcionar minicréditos durante los últimos años, para cubrir una necesidad de liquidez inmediata, por pequeña que sea. Pero se trata de un producto con el que tener cuidado, ya que mal utilizado puede suponer un total desastre. ¿En qué situaciones no es recomendable solicitar un minicrédito?

  • Cuando la necesidad es superflua. La necesidad sentida y surgida como para embarcarse en la solicitud de un minicrédito –por pequeño que sea el importe– nunca debería de ser superflua sino todo lo contrario. Una motivación de peso debe ser la que lleve a solicitar un minicrédito. Se trata de un producto financiero útil, pero que debe ser solicitado y utilizado con responsabilidad, de modo que se esté seguro de que es un producto que cubre una necesidad real
  • Para pagar otro préstamo. Si ha llegado el momento de abonar un préstamo anterior y no es posible poder hacer frente al pago, todo hace indicar que tampoco se podrá hacer frente al pago del nuevo préstamo, por lo que no es una buena idea solicitar un minicrédito para pagar otro anterior, ya que es posible acabar con un sobrendeudamiento del que será dificultoso salir. Esto puede acarrear el registro del titular en listas de impagos, que dificultarán la contratación de cualquier otro servicio próximamente.
  • Cuando falte información sobre el minicrédito y/o entidad. Solicitar un minicrédito es establecer un vínculo con una entidad financiera. Dicho vínculo se basa en el compromiso de devolución del dinero prestado, atendiendo a todas y cada una de las condiciones que la entidad ponga. En este sentido, es recomendable y conveniente conocer todos los rasgos y características del producto con el objetivo de ser conocedor a la perfección de a lo que uno está dispuesto a asumir. Del mismo modo que tener toda la información posible acerca de la entidad prestataria es un modo de obtener confianza con quien va a ser el que financie una situación. En caso de no disponer de toda la información necesaria tanto del producto (condiciones, sujetos que intervienen, modo de devolución, precio final del minicrédito…) como de la entidad, es mejor no realizar una solicitud en firme ni mucho menos aceptarla
  • Cuando no se prevea entrada de dinero alguna. Está claro que la motivación principal para solicitar cualquier tipo de financiación es que en el momento en el que se necesita el dinero, no se dispone de ello. Pero más evidente aún es que un minicrédito al igual que cualquier préstamo de dinero hay que devolverlo. Por ello, hay que tener muy en cuenta los plazos de devolución y el coste de demora. No es conveniente pedir un minicrédito si no se va a saber cómo devolverlo, es decir, si no se prevé una entrada de dinero en un futuro cercano, ya que los plazos de devolución de los minicréditos oscilan entre los 30 o 60 días aproximadamente. Si no se devuelve en plazo y forma acordados es posible entrar en una espiral de deuda en la que cada vez son mayores los costes de demora.

Utilizados con responsabilidad y conciencia, pueden ser un modo rápido y fácil de solventar una situación económica delicada, teniendo en cuenta los importes máximos de este tipo de instrumentos que suelen ser de 500 o 600 euros y el tiempo máximo para su devolución que suele ser de 30 días o incluso de 60 días en algunas compañías.