Las partes están en desacuerdo sobre las condiciones de la ‘due diligence’

Transfield afronta una junta tensa tras dificultar la opa de Ferrovial

Íñigo Meirás y Rafael del Pino, consejero delegado y presidente de Ferrovial, respectivamente.
Íñigo Meirás y Rafael del Pino, consejero delegado y presidente de Ferrovial, respectivamente.

El consejo de Transfield Services, que desestimó días atrás la oferta orientativa de Ferrovial por el 100% del capital, se enfrenta hoy a la opinión de sus accionistas. Se celebra una junta general, fijada antes de que el grupo español diera muestras de interés, y todo parece indicar que la potencial opa será uno de los temas más calientes.

Transfield ha dado un acceso limitado para que Ferrovial realice el estudio de la compañía y formule una puja en firme. Hasta ahora, la compañía que preside Rafael Del Pino ha insistido en alcanzar un pacto de confidencialidad para profundizar en los contratos, política comercial y estados financieros, pero se ha encontrado con barreras bajadas en asuntos críticos para Transfield. Entre ellos figuran las condiciones de las joint venture –muchas de ellas dan acceso al negocio de energía y servicios a la minería–, contratos de financiación, el negocio de las cárceles o el rendimiento de la cartera de contratos.

Uno de los puntos delicados de la operación es que las numerosas joint venture de Transfield, que dan posición en negocios de la máxima importancia para la parte compradora, puedan evaporarse debido al cambio de control en la compañía. Entre las más destacadas figura Transfield Worley Power, para el desarrollo de inversiones en generación eléctrica, principalmente ciclos combinados y energía eólica.

Ayer se especulaba con que Ferrovial podría dar marcha atrás en la operación si no se le permite una mayor inspección. La compañía asegura que mantiene el interés al tiempo que reclama la información indispensable para hacer una valoración lo más afinada posible. De momento ha puesto sobre la mesa una propuesta no vinculante de 1,95 dólares australianos por acción, o 1.000 millones de dólares australianos por el 100% (695 millones de euros), lo que supone una prima del 34% sobre la cotización media de Transfield durante el mes previo al 20 de octubre, fecha en que Ferrovial desveló su intención de compra.

La parte australiana está dispuesta a abrirse algo más, pero antes quiere el compromiso del grupo español a ofertar por el 100% y a avanzar con su plan de adquisición solo si tiene el visto bueno del consejo. De este modo, se evitaría un acercamiento hostil o la adquisición de una simple porción del capital. El pacto entre ambas partes no estaba cerrado al cierre de esta edición.

El hecho es que hay fondos, como el surafricano Allan Gray, primer accionista se Transfield con el 19%, que vieron justas las reivindicaciones de Ferrovial de mayor información. Pese a todo, esta entidad está de acuerdo en que su empresa vale más de los 1,95 dólares australianos por acción de la puja preeliminar. En declaraciones a la prensa australiana Allan Gray valora a su participada en un mínimo de dos dólares por título (la acción cerró ayer en 1,86). El consejo de Transfield recomendó en octubre a sus partícipes no mover ficha y esperar una mejora en la oferta definitiva.

Mucha cartera, poca deuda y baja carga impositiva

La australiana Transfield, participada casi en su totalidad por fondos de inversión, se ha topado con la oportunidad de dar entrada a un socio industrial en su capital con amplia experiencia en el campo de los servicios en España y Reino Unido.

Por la parte de Ferrovial, la adquisición le daría la ansiada posición global en servicios, con el liderazgo en Australia y entrada en EE UU. Filiales como Amey, Cespa, Enterprise y la hipotética incorporación de Transfield Services hacen de Ferrovial poco menos que el gigante a batir en actividades crecientes como son los servicios urbanos, eficiencia energética, gestión de edificios, conservación de infraestructuras, servicios a la minería e industriales.

Otros atractivos de Transfield están relacionados con sus finanzas. La tasa impositiva que soporta el grupo está entre el 10% y el 15%. Su ratio de endeudamiento, con 534 millones de dólares australianos de deuda neta frente a un ebitda de 217 millones de dólares, es de 2,4 veces y el objetivo es reducirlo a 2 veces con una mejora del ebitda hasta el entorno de los 240 a 260 millones en 2015. La empresa ha mejorado los plazos de cobro de 62 a 47 días en 2014. Su margen bruto de explotación es del 5,8% y subiendo a la vista de que alcanzó el 7,4% en su segundo semestre fiscal. Y en los dos últimos años ha destinado casi 50 millones de dólares australianos a su reestructuración. Parece un bocado apetitoso. Máxime cuando Transfield tiene localizadas oportunidades de negocio por 24.000 millones de dólares.

Ferrovial ya tanteo la entrada en Australia a través de filiales de Leighton, controlada por ACS. La posición actual de la compañía es de inversora neta y parece que el dinero no va a ser el problema.