No solo hay que tener en cuenta el precio de la casa, hay otros costes

¿Se puede ahorrar comprando una casa?

¿Se puede ahorrar comprando una casa?

Comprar una casa cuesta dinero, mucho dinero. Unos lo verán como un gasto, otros como una inversión, pero lo que está claro es que el desembolso necesario para ser propietario de un inmueble es muy elevado.

En la balanza de los costes hay que sumar los intereses que pagamos, si solicitamos financiación hipotecaria. Por otro lado, comprar una casa tiene un coste de oportunidad, ya que este dinero lo podríamos invertir en otros activos más rentables.

¿Podemos ganar dinero comprando una casa?

La respuesta es depende, pero sí hay factores de la compra que nos pueden acabar haciendo ganar dinero (o dejar de perderlo).

En primer lugar, por la propia evolución del precio de la casa. Igual que los que compraron en 2007 han visto como el valor de su casa caía, los que compren en los años de depresión inmobiliaria verán subir el precio de su hogar; eso sí, no será rápida ni inminente, la ganancia.

Por otro lado, la compra de una vivienda nos puede hacer ahorrar dinero en el transporte a nuestro centro de trabajo o colegio de los niños. Está claro que pasa lo mismo si alquilamos en una ubicación similar, pero no deja de ser un factor de ahorro importante si acertamos con la compra. Este ahorro, sin embargo, puede volverse un gasto adicional cuando los hijos cambien de centro formativo o tengamos un trabajo en otro lugar más alejado.

El ahorro energético tampoco hay que menospreciarlo. En una casa de alquiler, salvo que la mensualidad cubra los suministros, tenemos que aceptar la eficiencia energética que hay, a no ser que estemos dispuestos a gastarnos el dinero en obras que, al final, mejorarán la casa de otro. Si la casa es nuestra, invertir en eficiencia energética tiene mucho sentido y el gasto en obras y demás revierte en un bien inmueble propio.

Menos mudanzas, menos dolores de cabeza. Si estamos de alquiler, cada varios años puede que tengamos que cambiar de casa, con el coste material y psicológico que ello conlleva. En un hogar propio, en cambio, los años de disfrute son muchos más. Si elegimos una casa previendo la evolución natural de la familia (tener hijos, hacernos mayores, etcétera), con algunas adaptaciones tendremos un hogar de por vida.

Si nuestra casa no está muy alejada del trabajo, nos podremos permitir comer en ella. Lo que nos cuesta comer fuera es mucho y hacerlo en el hogar nos ayudará a ahorrar mes a mes.

En cuanto a los gastos, variados son los que afrontamos al ser propietarios de una casa: impuestos, suministros, reparaciones varias, seguros. El ser arrendatario puede que nos ahorre estos pagos, o no, ya que muchos contratos de alquiler, además de la mensualidad, suponen sufragar igualmente muchos de estos gastos.

La compra de una vivienda es una decisión crucial para la economía familiar, que no debería tomarse a la ligera. Invertir en un hogar puede ser fuente de ahorros varios y de un bienestar psicológico que no proporciona el alquiler y demás formas de disponer de un techo, pero también de grandes gastos y problemas si no elegimos bien. Analicemos con tranquilidad y tiempo todos estos aspectos y elijamos con cabeza. La ilusión juega un papel importante en la compra, pero no debe ser jamás el factor determinante de la inversión.