Editorial

Brasil precisa nuevas reformas

Brasil ha sido un auténtico motor para las empresas españolas en los años transcurridos del siglo, pues allí han invertido más de 325.000 millones de euros y de allí han repatriado ingentes cantidades de dinero en beneficios en casi todos los sectores de servicios. Pero el modelo de economía abierta, pero bajo control, que puso en marcha el expresidente Lula da Silva, y que ha mantenido Dilma Rousseff desde 2011, comienza a agotarse. Este año el crecimiento podría estar cercano a cero, con inflación del 7%, y con la depreciación del real como única palanca para mover la economía.

La economía brasileña necesita un nuevo shock reformista urgente para deshacer la infinidad de nudos que acumulan sus mercados de bienes, servicios y factores, y que comienzan a aplanar la curva de su desempeño. Ese es el asunto que se ventila en las elecciones de este fin de semana. Un país superpoblado que acapara los mayores niveles de desigualdad del continente precisa una nueva oleada de inversión industrial y de servicios, pero para ello las empresas, las españolas también, que siguen apreciando un gran potencial económico en Brasil, necesitan seguridad de que el mercado funcionará con más libertad y que los cuellos de botella laborales y administrativos se acometerán.