Editorial

España, proveedor de energía a la UE

El presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, lanzó ayer un órdago energético a la Unión Europea con un trasfondo añadido de enorme calado político. Rajoy ofreció a Bruselas convertir la península Ibérica en una verdadera plataforma de distribución de gas para el continente, que garantice la “independencia política” de la Unión. “Independencia política”, dijo Rajoy, y no fue un lapsus, sino que llevaba toda la intención porque la propuesta del presidente español no pretende quedarse en mejorar la interconexión energética de España y Portugal con el resto de Europa, sino también, y de ahí viene la enorme trascendencia de la propuesta, corregir uno de los puntos más vulnerables de la Unión Europea, ese verdadero talón de Aquiles que constituye su excesiva dependencia de algunos suministradores energéticos.

El conflicto de Ucrania y su enfrentamiento con el Moscú de Vladimir Putin ha puesto de manifiesto, por si a alguien le quedaban dudas al respecto, que la política exterior de la Unión Europea no se puede decidir con total libertad e independencia mientras la industria y los hogares de algunos países dependan casi en exclusiva de los suministros energéticos de Moscú. Europa y Rusia están condenados a convivir, y lo ideal es que lo hagan como buenos vecinos. Pero la convivencia es más libre y llevadera cuando las dos partes pueden actuar y velar por sus intereses con naturalidad, sin temor a las represalias.

“El Sur, con sus importantes reservas de gas, puede ayudar a la Europa del Este”, ofreció Mariano Rajoy, refiriéndose en realidad no a unas reservas de España, que para sí quisiera nuestro país, sino a aquellas a las que sí tiene acceso, principalmente en el norte de África. Y lo hizo en un acto tan simbólico para la Unión como la apertura del Colegio de Europa, en Brujas, cuyo discurso inaugural corrió ayer a cargo del presidente del Gobierno español, un honor que otros años correspondió a personalidades como Margaret Thatcher, Felipe González, François Mitterrand, Angela Merkel o Herman Van Rompuy.

La propuesta de Rajoy debe traducirse en una rápida mejora de las interconexiones con Francia, que en el caso del gas dependen ahora de un solo gasoducto a través de Larrau (Navarra). La cumbre europea de ayer y hoy en Bruselas está llamada a pactar la política energética de la Unión, y en ese capítulo debe figurar la interconexión. Y no bastará con fijar objetivos sobre el papel, como el 10% de interconexión hasta 2020 o el 15% hasta 2030. Bruselas debe dar el impulso necesario para que se pongan en marcha los proyectos que hagan realidad unos objetivos tan necesarios. Sería la mejor forma de comenzar el mandato en la Comisión para Jean-Claude Juncker. Porque cada día que pasa sin iniciar las obras es un día que pone en peligro la independencia “política” de la UE.