Editorial

Unas cuentas pendientes del crecimiento

El debate de los Presupuestos Generales del Estado para 2015, celebrado ayer en el Congreso, ha servido para certificar, de modo oficial, el fin de la etapa de fuertes recortes de gasto público que España ha vivido los últimos años. El Ministro de Hacienda anunció el fin de los tijeretazos –que no de austeridad, que sigue siendo imprescindible para cumplir con los objetivos de déficit público– y se basó para ello en la mejora de la coyuntura económica en España, así como en las previsiones de crecimiento al alza que los organismos internacionales otorgan a nuestro país. Sin duda es cierto, como señaló Cristóbal Montoro, que las cuentas del año que viene son distintas a las de los ejercicios más duros de la crisis, como también lo es que el fin de los grandes recortes no equivale al final del invierno en los Presupuestos. Como no puede ser de otra manera, estos mantienen medidas de contención en diversas áreas –la tasa de reposición del empleo público es una de ellas– aunque empiecen a abrir la mano, con timidez, en áreas como la inversión pública.

Frente a la exposición de Montoro, el secretario general del PSOE, Pedro Sánchez, centró buena parte de su primer debate sobre las cuentas públicas en calificar de “irreales” los Presupuestos y solicitar medidas de aumento de gasto público –como es el caso de un plan de rescate financiero para beneficiar a 500.000 hogares– o de injerencia en la gestión empresarial privada, como la limitación del sueldo de los directivos de las grandes compañías. Sánchez acertó al señalar que la actuación del BCE ha sido crucial para la mejora de la situación económica y la estabilidad fiscal de España, pero negó que las reformas estructurales hayan impulsado sustancialmente a la recuperación.

La mejora de la situación económica española es un hecho cierto al que ha contribuido ambos factores, tanto la actuación reformista del Gobierno como las medidas extraordinarias del BCE. La combinación de esos mimbres ha permitido diseñar unas cuentas en las que el gasto por intereses financieros ya no es un lastre insostenible y en las que gasto en prestaciones por desempleo ha descendido por primera vez. Pese a ello, hay variables cuyo cumplimiento es una incógnita difícil de despejar. La previsión del Ejecutivo de que la reforma fiscal que se tramita en el Senado se traduzca en un aumento de la recaudación tributaria que rozará el 9% se basa en que se cumplan las predicciones de crecimiento que se atribuyen a España. Y ahí está el riesgo objetivo a la hora de cuadrar las cifras: en una economía europea que ha frenado de forma brusca su crecimiento y cuyo estancamiento puede frustrar la consolidación del crecimiento España. En un mundo cada vez más globalizado, ni los riesgos ni las oportunidades tienen fronteras. El reto está en tener la flexibilidad y el rigor suficientes para afrontar unos y aprovechar las otras.