Las Bolsas sufren fuertes caídas por segundo día consecutivo

Los analistas apuntan a una corrección excesiva y niegan un cambio de ciclo

Panel informativo en la bolsa de Madrid que muestra las variaciones del principal indicador de la Bolsa española.
Panel informativo en la bolsa de Madrid que muestra las variaciones del principal indicador de la Bolsa española. EFE

El fuerte tono bajista que mantienen hoy los mercados europeos revela que las caídas de ayer no fueron un temor pasajero. Las ventas dominan la Bolsa y se han extendido también a la deuda soberana, que ayer había logrado mantenerse al margen a pesar de la inquietud generalizada sobre la salud de la economía global y de la zona euro, en particular. Pero los analistas insisten en hablar de reacción excesiva y no de un cambio de ciclo.

“La clave ahora está en saber si el mercado está empezando a tener en cuenta factores de la realidad que había desestimado, si nos está diciendo que las perspectivas se están deteriorando más rápidamente de lo que podemos ver, si hay nuevos riesgos (como el ébola) o si está sobre reaccionando”, afirman desde Goldman Sachs. Su opinión es que hay tres tendencias claras que explican los descensos: el deterioro de las perspectivas del crecimiento mundial, la caída de la inflación a ambos lados del Atlántico y el descenso de los precios de las materias primas como el petróleo.

La conclusión de los expertos de la firma estadounidense es que los mercados están reaccionando de forma excesiva a las preocupaciones por el débil crecimiento de la zona euro. Gracias al apoyo de los bancos centrales, desde Goldman Sachs creen que es probable que los indicadores de actividad muestren síntomas de estabilidad. “Creemos que las perspectivas económicas han cambiado mucho menos de lo que refleja la visión del mercado. Si esto es cierto, algunos de los últimos movimientos se revertirán”.

Los analistas descartan que estas ventas sean síntoma claro de un fin de ciclo en el mercado, después de dos años en los que el BCE ha sostenido sin pausa el avance de los precios de todos los activos financieros. “La reacción de la Bolsa es exagerada porque hace dos meses los inversores se fijaban en todo lo positivo y todo era fantástico, y ahora se han ido al otro extremo. Ni tan bueno era antes ni tan malo es ahora”, sostiene Natalia Aguirre, directora de análisis de Renta 4.

Pero no pierden de vista el indicador más revelador de todos y que ya fue el gran detonante de la gran crisis anterior, la rentabilidad de la deuda soberana de la periferia europea. El bono español se ha convertido en inesperado protagonista del día tras la celebración de la subasta del Tesoro español, en la que ha adjudicado 3.200 millones de euros en bonos a 10 y 15 años, un importe menor del máximo previsto de 3.500 millones. El mercado ha interpretado cierta dificultad para su colocación, lo que ha acentuado las ventas en la Bolsa. “El mercado ha reaccionado en exceso a la subasta de deuda española, que ha sido el motivo del pánico generalizado. Pero debería reconducirse la situación”, señala Javier Ferrer, responsable de la mesa de deuda soberana de Ahorro Corporación, para quien es momento “de hacer carteras a estos niveles”. Explica además que si bien ayer el spread entre el bono español a 10 y 15 años era de 62 puntos de cara a la subasta, hoy ha subido a 68. “El Tesoro ha querido dar más liquidez al bono a 15 años con más volumen, pero eso se ha malinterpretado como que quiere anticiparse a próximas dificultades que pudieran verse en el mercado antes de fin de año”, explica.

Para Gonzalo Lardiés, gestor de Bolsa española de banco Madrid, el bono español a diez es también el indicador más relevante de lo que está pasando. “La velocidad de la caída de precios es la clave”. Si bien mantiene que se trata de “una corrección normal y corriente, propia de un mercado acostumbrado a los constantes estímulos de los bancos centrales”. Así, frente a otros momentos anteriores de corrección, como el vivido en verano por el conflicto de Ucrania, en esta ocasión el mercado empieza a sentir cierta orfandad, ya que en los próximos días desaparecerán los estímulos de la Reserva Federal, que finaliza sus compras mensuales de deuda, mientras que el BCE no ha tomado el testigo con las suyas. “Hasta el momento, siempre había aparecido el BCE creando expectativas”, añade Lardiés.

La falta de un reclamo claro por parte del BCE hacia el mercado, tal como la promesa de una compra de deuda soberana, hace que las miradas se hayan vuelto sin remedio a la situación de la economía. “Las caídas son bastante duras y en el fondo está que el BCE no puede por sí solo propiciar la recuperación. El mercado está reclamado reformas a Francia e Italia”, añade Gemma Hurtado, gestora de Mirabaud. En su opinión, hay que vigilar con especial atención la curva de tipos para que no se repitan tensiones como las vividas hace dos años. “Lo que en realidad hace falta es que se reactive la demanda de crédito”, afirma.

“El mercado está en pánico total y las ventas se lo llevan todo por delante. Es difícil saber dónde puede parar porque así como nada especial ha desencadenado la caída, nada especial la frenará. A corto plazo, creo que no hay nada que los bancos centrales puedan hacer. Ahora hay miedo a nuevas bajadas y a la vez ganas de entrar, pero sin atreverse”, señala Jesús de Blas, de Credit Agricole.