Editorial

Unión energética para todos

La unión energética es el gran proyecto de Bruselas para los próximos años y España y Portugal no quieren quedarse fuera. Y como hicieron en los noventa para sumarse a la primera oleada del euro, los dos países parecen dispuestos a echar el resto para no perder el tren de la integración de los mercados del gas y la electricidad. Esta vez no se trata de superar un examen de convergencia económica, como con la moneda única, sino de convencer al resto de socios de que la Península Ibérica no puede seguir siendo una isla energética prácticamente aislada del resto del continente. Para lograrlo, el Gobierno de Mariano Rajoy se muestra dispuesto, con razón, a exigir la mejora de la interconexión a través de los Pirineos como condición imprescindible para dar el visto bueno la semana que viene a los nuevos objetivos europeos de reducción de emisiones de CO2 (40%) y de consumo de renovables(27%). No se trata de un chantaje sino del cumplimiento de unos compromisos largamente anunciados. Desde la cumbre europea de Barcelona en 2002, la UE repite que la interconexión debe ser equivalente al 10% del consumo eléctrico antes de 2020. Curiosamente, Francia va a alcanzar ese objetivo con todos sus vecinos salvo con España, lo que privará a la Península Ibérica, si no se corrige, de los beneficios de la unión energética.