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Lógica formal

La regulación tiene ventajas y desventajas. Es la sabiduría que ha hecho ganar a Jean Tirole el premio Nobel en Economía. El resumen que hace el comité del Nobel de su obra parece una conclusión política trazada con más de tres décadas de investigación: “La mejor política de regulación o competencia”, escribe, debe “adaptarse cuidadosamente a las condiciones específicas de cada industria.”

Eso significa que todas las teorías son muy limitadas. Por ejemplo, la regulación de servicios públicos en los ochenta. En su momento, los mecanismos de cobro de los proveedores estaban vinculados a sus costes. Pero eso llevó a las compañías de servicios públicos a elevarlos para justificar unas tarifas más altas, lo que a su vez hizo a los economistas preferir los precios fijos. Esto, se pensaba, era un incentivo para que los proveedores controlaran los costes. Los consumidores se beneficiarían de menores tarifas en posteriores rondas de regulación.

Tirole y un colaborador señalaron que no era tan simple. Las reglas del precio fijo llevaron a otro tipo de conductas poco útiles con recortes en calidad, inversión e investigación. Esto puede parecer evidente, pero da una útil lección: la regulación es siempre un asunto complicado, ya que cada sector es diferente y todo cambia.

Los modelos matemáticos del galardonado son intentos valientes de proporcionar un orden en este mundo confuso. Muchos economistas están impresionados, sobre todo por su uso de la teoría de juegos. Aunque hay quien encuentra más valor en sus intuiciones, como los peligros de pagar elevados bonus en industrias donde la rentabilidad es difícil de medir.

La confianza de Tirole en el supuesto económico de que las personas se comportan de manera racional y egoísta es también errónea. La gente es mucho más complicada. A veces hay egoísmo, pero por lo general existe al menos un vago deseo de ayudar a la sociedad. Una buena regulación se basa en, e intenta alentar, la buena voluntad de supervisor y supervisado.

Tal vez Tirole no habría ganado el Nobel sin la matemática teórica y la psicología simplista. Pero podría haber dado más ideas a la economía.