Aguas curativas con mucha historia

Balneario de Alhama de Granada.
Balneario de Alhama de Granada.

El uso terapéutico de las aguas termales, la hidroterapia, se remonta a tiempos muy antiguos: Ulises ya hablaba en La Odisea de los placeres de los baños termales; los romanos construyeron termas públicas en las ciudades y extendieron esta cultura en sus dominios –en España tenemos muestras arquitectónicas extraordinarias–, y para los árabes, el agua era un elemento fundamental de la vida cotidiana, de su cultura, y también dejaron huella.

Su historia, arquitectura, ubicación y, sobre todo, las propiedades de sus aguas convierten a los balnearios en una parte importante de nuestro patrimonio. En 1816 se reguló la hidroterapia con un real decreto en el que se decía que los baños debían tener un profesor en hidroterapia para indicar su aplicación. Se extendió su uso, facilitado por el ferrocarril, y se construyeron muchas de las instalaciones que hoy, modernizadas, conocemos, algunas con termas romanas y baños árabes.

Tras un periodo de decadencia, el termalismo tomó fuerza en los años ochenta del siglo XX. Hoy, los balnearios de aguas terapéuticas tienen sofisticados competidores, los spas. Pero esas son otras aguas y otra historia...
Alberca almohade

Algunos balnearios ocupan un lugar importante en nuestro patrimonio

El hotel balneario Alhama de Granada, emplazado en un entorno paisajístico único, entre los tajos del río Alhama, es de clara influencia árabe. La alberca almohade del siglo XII que se conserva, construida sobre cimentación romana, es una buena muestra de ello.

La construcción que hoy alberga el balneario es de 1800, aunque las sucesivas reformas han difuminado sus señas de identidad. Cuenta con la comodidad de reunir en el mismo edificio las zonas de terapias y alojamiento. En la actualidad, a las técnicas tradicionales de baños se han añadido otras modernas, cumpliendo así las expectativas de jóvenes y mayores.

Un clásico

Uno de los balnearios más antiguos conocidos y de los más emblemáticos de España es el de Archena. Su historia se remonta a los pobladores íberos, al parecer los primeros en utilizar estas aguas.

Situado a 24 kilómetros de Murcia, sus instalaciones se extienden más de 200.000 metros cuadrados a lo largo del río Segura. En el siglo XIX, cuando la burguesía puso de moda los balnearios, Archena se convirtió en un destino obligado. Sus aguas, declaradas de utilidad pública en 1869, fluyen a 52 grados y poseen un tiempo de permanencia en el interior de la Tierra de 15.000 años, nada menos. El clima y la temperatura del agua permiten bañarse durante todo el año en la piscina exterior.

Lujo en el Pirineo oscense
Panticosa se encuentra en un enclave privilegiado: a 1.636 metros de altitud, rodeado de algunos de los picos más altos del Pirineo de Huesca. Un espacio termal de más de 8.500 metros cuadrados dedicados al agua, que emana del manantial de Tiberio, ya conocido en la época romana, a una temperatura de 53 grados.

El siglo XIX fue para Panticosa un periodo de gran esplendor. En esa época se construyeron la mayoría de sus edificios. Se convirtió en un balneario de lujo, un lugar de encuentro para la burguesía, una villa con capacidad para acoger a más de 1.500 personas. Después de un periodo de decadencia y muchas vicisitudes –fue hospital antituberculoso durante y después de la Guerra Civil–, cerró durante tres años, hasta que en 1982 abrió sus puertas de nuevo. Tras una reciente reforma integral, Panticosa ha recuperado su antiguo esplendor.
Aguas mineralizadas

Las aguas del balneario Palacio de las Salinas, situado en las cercanías de Medina del Campo (Valladolid), están certificadas como mineromedicinales desde 1893. Existen referencias del siglo XVII que indican que en el páramo de las Salinas, donde se sitúa hoy este establecimiento, en época de lluvias se embalsaba agua que, con la acción del sol, se evaporaba, apareciendo un sedimento blanquecino, la sal. De ahí su nombre.

Estas aguas están consideradas como las de más fuerte mineralización de Europa. A su poder se une hoy el del vino. Como no podía ser de otra manera, este balneario, adherido al proyecto Ruta del Vino de Rueda, ha desarrollado un tratamiento cuya base es la uva. También ofrece la posibilidad de pasar una noche especial, con música y una copa de cava, en su espléndida piscina.