Editorial

La asignatura pendiente de la industria

La Agenda para el Fortalecimiento de la Industria en España, que presentó ayer el Ministerio de Industria, aspira a potenciar este sector para convertirlo en uno de los grandes motores de la economía española en los próximos años y en el pilar del cambio del modelo productivo. El plan, que fue aprobado el pasado julio por el Consejo de Ministros, se enmarca dentro de una estrategia europea de reindustrialización que tiene como objetivo conseguir que la industria represente el 20% del PIB europeo en 2020. En España, el sector equivale actualmente al el 16% del PIB y genera 2,3 millones puestos de trabajo, una cifra importante, sin duda, pero muy alejada del 18,8% que llegó a tener en el año 2000. Pese a ese declive, desde 2009 la industria española ha mostrado una importante capacidad de resistencia ante los embates de la crisis, lo que acredita su potencial y su solidez respecto a otros sectores.

La agenda presentada ayer por José Manuel Soria se articula en torno a diez grandes líneas de actuación, elaboradas en coordinación con distintos ministerios y entidades públicas, y desglosadas en casi un centenar de medidas. Esos diez campos estratégicos comprenden viejas tareas pendientes, desde asegurar un suministro energético estable y competitivo hasta mejorar la financiación de las empresas, armonizar nuestra desesperante jungla normativa o profesionalizar y aumentar el tamaño de las pymes.

La necesidad de poner en marcha un plan de choque para transformar el modelo productivo español y encaminarlo hacia un esquema en el que la industria tenga un mayor peso constituye una evidencia que nadie sensato pone en cuestión. En ese sentido, la iniciativa del Gobierno intenta cubrir una seria asignatura pendiente de la economía española, que resulta imprescindible acometer cuanto antes y que debe contar con el mayor respaldo posible.

Pese a ello, el plan presentado ayer –basado en una estrategia elaborada a finales del año pasado por una consultora especializada– corre el riesgo siempre presente de quedarse solo en una de esas atractivas declaraciones de intenciones. Más aún cuando algunas de las medidas –potenciar España como sede de multinacionales o convertir el país en un foco de atracción para la migración cualificada– se hallan simplemente enunciadas. No ocurre lo mismo con otras áreas, como el respaldo al sector del automóvil, el apoyo a la internacionalización o los programas de financiación de I+D, en los que se advierte ya mayor pragmatismo y concreción. Soria recordaba ayer que desde 2008 la industria española ha perdido 800.000 empleos. La magnitud de esa sangría expresa mejor que cualquier otro dato que la reforma y modernización de este sector no puede ser un objetivo de futuro, sino un reto a afrontar hoy y cuanto antes. Y con aplicación real, no solo sobre el papel.