Tribuna

El carisma y la banca

Entre los ciudadanos, los banqueros no pasan por ser las personas más populares. Ha sido casi siempre así y en estos años tan duros de la crisis financiera más aún. Sin embargo, gran parte del desarrollo local, regional y nacional en España y otros muchos países ha estado impulsado por banqueros. Un ejemplo de ello ha sido Emilio Botín, una auténtica referencia internacional en el mundo financiero y, además, buen embajador de España. Alguien de su carisma y poder podía levantar pasiones enfrentadas pero lo cierto es que su ausencia deja un vacío en muchos aspectos. Era un líder de inmenso carisma, personalísimo. Tan discreto en la frecuencia de sus apariciones públicas como contundente, seguro e, incluso, excéntrico a veces cuando estas se producían. No anda sobrada España de referencias empresariales y esta ausencia se nota. Hasta tal punto que los medios internacionales se preguntan qué consecuencias puede tener no ya para su banco, sino para España. El Santander ha asegurado, en cualquier caso, la continuidad y referencia de la marca Botín, si bien ahora deberá crecer y conformar una reputación nueva y propia, sobre los cimientos sólidos de la anterior.

No anda sobrada España de referencias empresariales y la ausencia de Botín se nota

En relación a las contribuciones de Emilio Botín, la lista sería inmensa si se pretendiera una relación exhaustiva. En un plano más general, destacaría, al menos, tres grandes aportaciones. La primera está relacionada con la ambición y visión que llevaron al Santander a expandirse internacionalmente y a alcanzar el liderazgo bancario en Europa. Cuando España encaraba la transición –e incluso unos años después cuando se consolidó el proceso de liberalización financiera– era difícil pensar que un banco español podría convertirse en una entidad con marcada presencia en Reino Unido, o que se convertiría en una de las mayores instituciones financieras en Latinoamérica. Ese alcance y dimensión surgieron de una combinación de determinación y astucia. Así, junto a otros bancos españoles, el Santander se granjeó una fama de conquistador, a semejanza de los del antiguo imperio español. Esta circunstancia puede parecer hoy desfasada o anecdótica pero lo cierto es que la banca española debe parte de la reputación tradicional –que hoy por hoy va recuperando– a esa determinación. De hecho, los bancos españoles siguen apareciendo en las quinielas como compradores potenciales de entidades foráneas.

El posible impacto del fallecimiento de Botín para España tiene también varias vertientes. La primera y más clara es que los mercados siempre identifican los pilares del gobierno corporativo. Cuando se convierten en ausencias sonadas, siempre pesan. En el caso del Santander ha sucedido en un momento especialmente importante para los bancos europeos, a punto de ponerse bajo el escrutinio del nuevo supervisor único europeo. Cuando parte del éxito se personaliza, es importante afianzar la solidez institucional. Esta no está en cuestión en el caso del Santander pero el legado del apellido pesa y los mercados van a seguir muy de cerca el reemplazo y los equilibrios. Especialmente en una entidad tan especial, en parte empresa familiar y en parte conglomerado financiero global. Es larga la lista de corporaciones señeras que han debido reemplazar a su cabeza visible y afianzar con calma nuevos referentes. Así sucedió, por ejemplo, con Steve Jobs en Apple.

La nueva presidenta tendrá que prolongar la solidez institucional de la entidad bancaria

La buena noticia es que la continuidad de la solidez corporativa del Santander está garantizada con su sucesión. Ana Patricia Botín reúne todos los requerimientos no solo para prolongar el legado sino, como además debe ser, para dejar su propia impronta. Y así, afrontar los retos que todas las entidades financieras deben asumir y que no son solo los inmensos desafíos regulatorios, sino también los tecnológicos, los del envejecimiento de la población en los mercados tradicionales y, como siempre ha sido en el caso de este banco, la búsqueda de nuevos territorios para expandir el negocio. Como ya hizo Emilio, Ana Patricia tendrá que buscar ahora apoyarse en un equipo directivo sólido y reputado que, en todo caso, ya está asentado tras los últimos reemplazos que se produjeron hace unos meses. La transición puede realizarse con agilidad, tal y como se ha hecho con el reemplazo de la figura principal. Se ha tratado, en parte, de un cambio protocolizado y, por otro lado, de un cambio natural. Dice mucho también de la transición generacional que, poco a poco, se está observando en España. Y, además, me parece una extraordinaria noticia que una de las figuras de referencia financieras en el mundo sea una mujer española, lo que debe significar también un símbolo de otro cambio necesario en España hacia la igualdad.

La figura de Emilio Botín es irrepetible y, por lo tanto, hubiera sido un error tratar de replicarla. Lo que hay que prolongar es la solidez institucional e ir generando, con su propio estilo, un nuevo punto de referencia que consolide la reputación del Santander. Son muchos cambios en poco tiempo pero se trata también de una de las entidades financieras más versátiles y ágiles del mundo, con una planificación estratégica detallada. No nos engañemos, se va a mirar con lupa la nueva trayectoria del Santander pero yo veo más oportunidades que problemas en ello porque, al fin y al cabo, esa lupa ha estado más o menos cerca pero siempre ahí.

Santiago Carbó Valverde. Bangor University, CUNEF y FUNCAS.