Una fórmula tan secreta como la de Coca-Cola

Martini, el rostro internacional del vermut

Su fórmula es tan secreta como la de Coca-Cola

En 1897 Martini & Rossi obtiene el título de Proveedor de la Casa Real Española

Martini, el rostro internacional del vermut

Después de “Me llamo Bond, James Bond”, la frase más conocida del agente 007 es “Vodka Martini mezclado, no agitado”. Buena parte de la culpa de que este icónico personaje, cuyo nombre está grabado en el pedestal reservado a los clásicos del siglo XX, elija esa bebida en las fiestas que frecuenta la tiene un empresario turinés nacido en 1812.

En Italia se producen numerosas bebidas amargas de trago largo, la mayoría de ellas derivadas del vino. Pero solo una goza de popularidad mundial: el vermut. A ello contribuyó decisivamente Alessandro Martini y su visión comercial. Desde que este hombre de negocios se uniera al artesano Luigi Rossi y a Teófilo Sola, que haría de director financiero, tuvo claro que el futuro del producto estaba más allá de las fronteras.

Cronología

1847. El emprendedor Alessandro Martini y el maestro artesano Luigi Rossi entablan relación y empiezan a pensar en hacer negocios juntos.

1863. Compran la Distilleria National di Spirito di Vino, en Turín, y transforman la compañía junto a un tercer socio, Teófilo Sola, como director financiero. El Martini Rosso, su primer producto, se hace popular.

1890. Alessandro Martini se concentra desde el principio en dar a conocer la marca fuera de Italia. Ese año la compañía logra exportar más de 300.000 cajas de vermut a los Estados Unidos.

1897. La regente María Cristina de Austria otorga a Martini & Rossi el título de Proveedor de la Casa Real Española.

1901. Martini establece una oficina comercial en la calle Escudellers, de Barcelona. Ya tenía una fábrica de producción y embotellado en el barrio del Poblenou.

1960. Se inaugura en el paseo de Gràcia de Barcelona la Terraza Martini, punto de encuentro de la alta sociedad barcelonesa.

1992. El grupo Bacardi absorbe Martini Rossi.

Corría 1863 y estos tres emprendedores acababan de adquirir la Distilleria National di Spirito di Vino, en Pessione, Turín. Rossi trabajó duro hasta que encontraron el sabor que buscaban: su vermut era más dulce que los de la época, en que predominaban los tragos amargos. Martini, por su parte, se dedicó a recorrer el mundo presentando su bebida como un producto de lujo de sabor italiano dirigido a las clases más pudientes. Vino e ingredientes botánicos trabajados con maestría con el sello del Piamonte.

Funcionó. Martini y Rossi inscribieron a la compañía en las exposiciones internacionales de la época. Para 1912 acumulaban ya 13 grandes premios y 40 medallas de oro en competiciones de renombre. Paralelamente, Alessandro Martini creó redes comerciales en más de 43 países. Para 1890 ya consiguió exportar más de 300.000 cajas de vermut a Estados Unidos, época en la que los únicos medios de transporte eran el barco de vapor, el tren y los carros de caballos.

Su desembarco en España se remonta también a esa época. En 1897, la regente María Cristina de Austria otorgó a Martini & Rossi el título de Proveedor de la Casa Real Española. La firma inauguró entonces en Barcelona una planta de importación a granel y embotellado de vermut en el barrio de Poblenou. En 1901, Flaminio Mezzalama, gerente de Martini & Rossi, fijó su centro de importación y degustación en la Ciudad Condal abriendo un pequeño bar en la calle Escudellers conocido en la ciudad como el Petit Torino.

Luigi Rossi.
Luigi Rossi.

Visto el éxito de la bebida, Mezzalama abrió un segundo bar mucho más grande al año siguiente, el Café Torino, en un edificio del paseo de Gràcia con el sello de Antoni Gaudí y otros maestros del modernismo catalán. Pronto se convertiría en una referencia para cualquiera que pasase por allí o que visitase la urbe. De ahí que se considere una de las primeras referencias de turismo gastronómico de la capital catalana.

En 1960 se inauguró la Terraza Martini de Barcelona, en la planta más alta del edificio del antiguo Banco Rural. Durante los años sesenta y setenta, sus 806 metros cuadrados se convirtieron en un espacio de encuentro de la alta sociedad barcelonesa.

Para entonces, la marca turinesa había cosechado una imagen internacional de bebida glamurosa. El nombre Martini se sigue confundiendo hoy en día como sinónimo de vermut, lo que certifica la fama adquirida por el producto. Incluso hay cócteles, como por ejemplo el Dry Martini, que llevan su denominación. Personajes de la talla de Winston Churchill, Franklin D. Roosevelt, Luis Buñuel, Ernest Hemingway o Ian Fleming, que no dudó en trasladar su pasión por esta bebida a sus novelas, contribuyeron a asentar la fama de la marca.

Una fórmula tan secreta como la de Coca-Cola

Alessandro Martini.
Alessandro Martini.

La fórmula del Martini Rosso, la joya de la compañía, fue desarrollada por Luigi Rossi en 1863 y se mantiene prácticamente inalterada desde entonces. Tan solo la conocen cuatro personas, al igual que las recetas del Extra Dry, Bianco y Rosato, las otras variedades de la marca.

La receta detalla las combinaciones exactas y los preparados de las más de 40 plantas distintas que incluye. Es el resultado de 150 años de artesanía para aprovechar y mezclar plantas silvestres con el fin de obtener el sabor más redondo, perfecto y equilibrado. En la actualidad, las fórmulas de Martini se mantienen protegidas en una caja fuerte en Ginebra.

En cuanto a la elaboración, todos los ingredientes son añadidos cuidadosamente, en un orden preciso y sin aplicar presión ni calor. Una vez lograda la amalgama entre vinos e ingredientes botánicos, se añade alcohol natural puro y azúcar natural para equilibrar el sabor. Posteriormente, la mezcla se deja en reposo para que se mariden todos los aromas. Finalmente, es enfriado a -8 grados centígrados para fijar y conservar todos sus aromas.

Giuseppe Musso e Ivano Tonutti encabezan en la actualidad el equipo de maestros artesanos de Martini. El papel de Musso es seleccionar y mezclar los vinos óptimos para conseguir un buen maridaje con los elixires de Ivano Tonutti, maestro herborista. De su compenetración depende que el sabor de Martini siga siendo tan reconocible como imitado en todo el mundo.