Editorial

Espaldarazo y recordatorio de la OCDE

La mejora de las perspectivas económicas elaboradas por la OCDE para la economía española –con una elevación de las previsiones de crecimiento para este año y el próximo– supone un importante aval a la política seguida hasta el momento por nuestro país, pero viene acompañado también de una hoja de ruta sobre cuál debe ser el rumbo a tomar para consolidar esa mejora. El informe bianual de la organización, presentado ayer en Madrid por su secretario general, Ángel Gurría, realiza un recordatorio de los puntos débiles que todavía arrastra la economía española, al tiempo que alaba las reformas estructurales realizadas en los últimos años –como la laboral– o el enorme esfuerzo de reducción del déficit corriente en ese mismo período. “Se trata de un paso similar a escalar el Everest”, resumía ayer Gurría en referencia al salto desde un déficit del 10% del PIB hasta un superávit del 1%.

 Al lado de esos logros de gestión económica, que es justo y necesario reconocer, así como del enorme esfuerzo colectivo que España ha debido realizar para comenzar a dejar atrás la crisis, no se puede ignorar que nuestra economía sigue teniendo por delante varios ochomiles que escalar: el alto nivel de desempleo, las dificultades de financiación o una deuda pública cuyo rápido crecimiento supone un riesgo frente a un posible recrudecimiento de las condiciones en los mercados de deuda soberana, entre otros.

El paquete de recomendaciones que ofrece la OCDE para consolidar el crecimiento no es nuevo y aborda cuestiones que han sido ya planteadas en el debate económico con anterioridad: subida de los impuestos indirectos, con hincapié en la ampliación del tipo general del IVA a un mayor número de bienes y servicios, supresión de la deducción por compra vivienda con efectos retroactivos, reducción de cotizaciones, reforma de las SICAV y una vuelta de tuerca a unos servicios públicos de empleo que siguen arrastrando profundas ineficiencias. Es difícil que algunas de esas recomendaciones encuentren eco –es el caso de la subida del IVA al sector turístico o la eliminación de la deducción en la adquisición de vivienda, que fueron desechadas en el marco de los trabajos preparatorios para la reforma fiscal– pero otras deberían ser objeto de análisis y reflexión.

La radiografía que ha realizado la OCDE incluye la esperada mejora de la demanda interna y, en particular, de un consumo privado que poco a poco debe recuperar su papel de motor de la actividad. Datos como el conocido ayer en el sector inmobiliario, que ha registrado una subida en el precio de la vivienda por primera vez en seis años, permiten constatar que estamos en un proceso de estabilización y mejora. Todo ello constituye un motivo de felicitación, pero también un recordatorio de que quedan puntos negros –la reapertura del grifo del crédito, por ejemplo, es uno de ellos– que es urgente abordar.