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Una nueva prensa en China

El presidente chino, Xi Jinping quiere una prensa “fuerte, influyente y creíble”. El último de esos atributos es el más difícil de lograr, pero el más importante –podría incluso ayudar a reiniciar los mercados–.

El desarrollo de unos medios de comunicación creíbles podría tener un gran impacto. Un reportaje de confianza fomenta una mejor asignación de capital al corregir el desequilibrio entre lo que los vendedores saben y los compradores no. Las acciones pueden ser un ejemplo. Hubo ocho bolsas de valores con una capitalización de mercado superior al 100% del PIB de su país correspondiente, según un estudio de 2013 llevado a cabo en 56 mercados por la Federación Mundial de Bolsas de Valores. Todos menos uno estaban en lo más alto del Índice Mundial de Libertad de Prensa de 2014, la encuesta de Reporteros Sin Fronteras que cubre 180 países.

La censura es un problema, pero la corrupción y las normas también lo son. Los intentos de ganarse el favor de los potenciales anunciantes en un mercado competitivo puede distorsionar las historias tanto como cualquier censor. Los bajos salarios alientan a los periodistas a ceder y a aceptar sobornos.

Un reportaje de confianza puede corregir el desequilibrio entre lo que saben los vendedores y no los compradores

Si un mercado de capitales más saludable no es suficiente incentivo, un mayor sector servicios debería serlo. Los países que se encuentran más arriba en el índice de libertad de prensa tienden a tener más ingresos en los servicios como porcentaje de PIB, según datos del Banco Mundial.

Xi probablemente podría relajar la censura y parece dispuesto a limpiar la corrupción. Pero hacerlo podría significar la pérdida del control sobre la historia política. Él probablemente admira otro estado en el que de facto solo funciona un partido: Singapur, con unos medios que gozan de relativamente poca libertad y que coexisten con grandes mercados y un sector servicios muy animado. Pero es probable que mantener el nivel de control de Singapur a escala china sea una tarea excesiva, incluso para los políticos altamente cualificados. Para unos mercados saludables, la apertura todavía parece mejor.