Vive aislado y alejado de sus hijos

La última "V" de victoria de José María Ruiz-Mateos tras el fraude de los pagarés

José María Ruiz-Mateos (en el centro, haciendo la "V" de victoria con ambas manos), rodeado de sus hijos.
José María Ruiz-Mateos (en el centro, haciendo la "V" de victoria con ambas manos), rodeado de sus hijos.

No habrá más señales de victoria. Atrás quedan ya aquellas imágenes recurrentes desde los años ochenta del pasado siglo en las que el patriarca de la familia Ruiz-Mateos alzaba los dedos en señal de victoria, a pesar de las derrotas judiciales y empresariales en las que se veía involucrado. José María Ruiz-Mateos, de 83 años, vive hoy aislado en un chalé adosado en Pozuelo (Madrid), aquejado de párkinson, con la salud, aseguran algunos allegados, muy deteriorada, y distanciado de sus hijos.

La vivienda actual del que fuera considerado el español con más dinero de los años sesenta y setenta del siglo XX nada tiene que ver con las mansiones y chalés de lujo que en otra época frecuentó el fundador de Rumasa. En un chalé adosado en Pozuelo, sin medidas de seguridad, sin apenas parcela, vive hoy José María Ruiz-Mateos, asistido por una empleada del hogar.

Su vivienda anterior, donde el empresario jerezano ha criado a sus 13 hijos, una mansión en Somosaguas, en la calle Alondra, está cerrada. Los matorrales ocultan unas letras de hierro en la entrada de la casa que forman la palabra Rota (José María Ruiz-Mateos nació el 11 de abril de 1931 en Rota, Cádiz). Persianas echadas, puertas cerradas, un inmenso jardín ya prácticamente seco, una piscina vacía, un telefonillo que no suena porque se ha cortado la luz y el agua, es el aspecto actual de la lujosa residencia habitual en otros tiempos de los Ruiz-Mateos.

El 25 de enero de 2012 la Policía Nacional entró en la exclusiva urbanización de Somosaguas. Durante un día entero efectivos de la policía, acompañados de perros, registraron la vivienda de la familia por orden de la Audiencia Nacional, en el transcurso de la investigación por las emisiones de pagarés de distintas empresas del conglomerado Nueva Rumasa.

En documentación enviada a la Audiencia Nacional por esa investigación, a la que accedió este diario, se detallaban los activos con los que contaba la familia Ruiz-Mateos: mansiones, viviendas, naves industriales, restaurantes, terrenos... La mansión de Somosaguas aparecía en dicha documentación con un valor, estimado por la tasadora Tinsa, de 7,1 millones, a nombre de la sociedad Begonia. La documentación incluía otras propiedades, como otro chalé en Somosaguas, con cancha de tenis y piscina, con más de 3.000 metros cuadrados de superficie, valorado por Tinsa en 2006 en 3,4 millones; uno en Pozuelo, valorado en 0,8 millones, y varios situados en urbanizaciones de Cádiz. La mayoría de esas propiedades, según fuentes judiciales, han sido embargadas.

Este diario ha tratado en varias ocasiones de contactar con José María Ruiz-Mateos, pero ya no es posible hablar con él. Hace unos días, se llamó varias veces al telefonillo de su vivienda actual. La empleada del hogar contestó a las llamadas y explicó que José María Ruiz-Mateos no podía atender la visita porque estaba reunido, porque había salido... Finalmente salió de la vivienda la esposa de José María Ruiz-Mateos, María Teresa Rivero. “No vamos a hacer más entrevistas, ni declaraciones, ni nada... Estamos hartos de abogados, de periodistas... Lo estamos pasando muy mal”, dijo.

Sobre la salud de su marido, aclaró que este “tiene 83 años, un párkinson muy grande, pero está bien de salud”. La expresidenta del club de fútbol Rayo Vallecano no quiso entrar a valorar la relación de su marido con sus hijos, sobre la que fuentes jurídicas aseguran que es de total distanciamiento, hasta el punto de que José María Ruiz-Mateos habla de “abandono”. “Eso quién lo dice ahora, ¿los abogados?; bueno, pues lo dicen los abogados, nosotros ya no vamos a decir nada de nada”, comentó Teresa Rivero.

El último proceso judicial de los muchos en los que se han visto envueltos los Ruiz-Mateos tiene que ver con el caso de los ERE de Andalucía. La juez Mercedes Alaya impuso el mes pasado fianza de 8,7 millones de euros a los seis hijos varones de José María Ruiz-Mateos por los cinco expedientes que su grupo empresarial tramitó a la Junta de Andalucía a través del conseguidor Juan Lanzas. Según el auto de la juez, la familia Ruiz-Mateos pagó 600.000 euros a Lanzas por cada uno de los expedientes de regulación de empleo en los que medió.

Hasta hace poco, los jueces instaban a José María Ruiz-Mateos a acudir al juzgado para declarar bajo amenaza de arresto. Lo hizo a principios de este año la misma juez Alaya, en 2012 lo requirió una magistrada de Palma de Mallorca... Pero los jueces ya no insisten; ahora sí que se creen que efectivamente José María Ruiz-Mateos no puede valerse por sí mismo.

La caída de Nueva Rumasa

La última señal de victoria de José María Ruiz-Mateos acompañado de sus hijos tuvo lugar en el contexto de otra gran derrota, la caída de Nueva Rumasa. El 17 de febrero de 2011, el patriarca de la familia, arropado por sus seis hijos varones, ofreció su primera rueda de prensa en 17 años en un hotel situado en la urbanización La Finca, en Pozuelo. Acompañado de un par de decenas de empleados del grupo Nueva Rumasa, el empresario anunció la entrada en preconcurso de diez de las compañías que constituían el grupo, iniciándose así uno de los mayores concursos de acreedores de una compañía de alimentación española.

 Empresas tan populares como Clesa, Duhl, Elgorriaga, Trapa, Quesería Menorquina, Garvey, Hotasa, Hibramer, Carcesa y también el equipo de fútbol Rayo Vallecano se acogían a la medida concursal. “Si no tuviera fe, me pegaría un tiro”, dijo al inicio de aquella rueda de prensa. La presunta estafa de los pagarés emitidos por Nueva Rumasa había estallado ya y la crítica situación de las empresas no tenía mucho más recorrido.

Ruiz-Mateos culpó de todo a los bancos y al entonces presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero. Unos meses después acordaría la venta de Nueva Rumasa, con muchas de sus empresas ya camino de la liquidación, a Ángel de Cabo, el empresario que también adquirió Marsans y que ha pasado año y medio en prisión.