Cree que el sector de la óptica tiene mucho recorrido en España

La Gafería, entre el diseño y el ‘vintage’

El despacho de Laura González está dentro del mismo espacio en el que atiende

Las lentes más elegantes son las francesas. Y Japón marca la tendencia

La Gafería, entre el diseño y el ‘vintage’

Desde que estudiaba en el colegio, con 13 años, sabía que su vida profesional iba a estar encaminada a la óptica. Y no se desvió ni un ápice. Esta inquietud ha llevado a Laura González, nacida en Burgos hace 49 años, a ser emprendedora y sobre todo a intentar hacer las cosas de manera diferente. Durante años trabajó en la farmacia de su madre, que también ofrecía servicio de gafas. “Pero nunca tuvimos un buena óptica, como lo han podido tener otros, como Navarro en Asturias o Delgado Espinosa”, reconoce esta empresaria, que añora el esplendor de este sector en los años setenta. “Fueron años espectaculares para la óptica, ahora no”, explica. Pertenece a la quinta promoción de los primeros graduados en España. “Una carrera relativamente nueva ya que anteriormente los que se dedicaban a esta profesión eran relojeros”.

Pasó cerca de dos décadas en la farmacia familiar hasta que en 2007 empezó a rondarle la idea de independizarse y desarrollar un novedoso concepto de óptica. Y hace dos años decidió que era el momento de dar el salto y abrir La Gafería. “No es fácil montar hoy día una empresa, es algo muy lento, sobre todo encontrar la ubicación, pero con ganas todo se consigue”, señala.

Además cree que el sector de la óptica todavía tiene mucho recorrido en España. “Y no solo por la influencia de las multinacionales y por algunas firmas que han destrozado el mercado con una guerra de precios y de ofertas”. Cree que una gafa es la mejor tarjeta de presentación de una persona, sobre todo de un profesional. “Dice mucho de la personalidad de cada uno, ya que si llevas un mal cristal se nota, así como una montura de baja calidad”, añade. Y recomienda darle importancia a estos detalles. Por ejemplo, a la procedencia del cristal, que sea un material en el que sabes a ciencia cierta que no ha habido explotación en el proceso de elaboración.

“Los españoles no quieren gastar másde 90 euros enunas gafas, cuando es una inversión”

El despacho de Laura González está dentro del mismo espacio desde el que atiende a los clientes. “Me gusta trabajar a la vista de todos, hago partícipe a todo este mundo que a mí me apasiona”. Durante años se dedicó, y sigue haciéndolo en la actualidad, a recorrer mercadillos y anticuarios en busca de piezas escogidas para decorar la estancia, ubicada en el madrileño barrio de Argüelles. Ha creado un ambiente cálido y diferente. “Aquí hay que sentirse a gusto. Necesitamos que el cliente elija su gafa en un entorno especial, ya que es una de las decisiones más importantes que hay que tomar muchas veces en la vida”.

“Una montura bonita te hace sentir guapo. Te puede afear o embellecer, por ello hay que tomarse el tiempo que se necesite para tomar la decisión”, afirma González, que huye de la estandarización. Cada persona tiene una personalidad diferente y debe buscar su propia lente. “En España nadie quiere gastar más de 90 euros por unas gafas, cuando debería ser en lo que no habría que escatimar dinero. Hay multinacionales que han destrozado el mercado español”, asegura. Por ejemplo, un modelo de calidad puede costar unos 1.300 euros y tiene una duración de unos tres años. “Son 400 euros al año. No es dinero”. Unas lentes para miopía o hipermetropía están entre 300 y 600 euros, y las progresivas, aquellas que deben usar los mayores de 45 años, desde los 800 euros. Asegura que no compite en precio sino en innovación y apuesta por lo último en tecnología. Para ello se recorre todas las ferias, sobre todo a Milán y a París, y este año acudirá a la de Múnich. Aunque en diseño ganan los italianos, que apuestan por una gafa comercial, ella prefiere las monturas francesas, “son más chic, te hacen sentirte diferente, son más sutiles que otras”. En cambio, en Japón la apuesta es mucho más arriesgada, es más disfraz. Y añade que el secreto de una buena óptica está en saber elegir a los proveedores. “Yo tengo buen ojo”, afirma.

 

En tres años, rentable

La Gafería, entre el diseño y el ‘vintage’

Asegura Laura González que la óptica es un negocio rentable. Ella invirtió hace dos años unos 300.000 euros, pero advierte que es un sector en el que constantemente hay que estar adquiriendo tecnología. “Me acabo de comprar retinógrafo (aparato con el que se mira el color de la retina) y me ha costado 14.000 euros”. A pesar de ello, asegura que en tres años recuperará la inversión. “Es muy importante hacer una buena gestión de compras. Trabajar con pocos pero buenos proveedores, de los que te conviertas en la representante en España”, explica.

A pesar de que trabaja rodeada de mesas antiguas, butacas y elementos decorativos con gusto, como alguna muñeca antigua o un trébol de cuatro hojas que encontró en el suelo de la farmacia de su madre, “y que tiene guardado por si un día aparece su anterior dueño”, elige entre sus objetos preferidos un frontofocómetro, un instrumento óptico para la determinación del centro óptico y medición de la potencia (dioptría) de una lente, que adquirió su madre hace años para ver las graduaciones. “Es el más preciso que hay”, afirma, que define al cliente que elige con mimo una gafa aquel que consume en estos momentos pan de masa madre. “Es gente a la que le gusta cuidarse, que elige aquello que le hace diferente y que apuesta por la calidad”.

No escatima horas a su trabajo, y cuando desconecta lo hace de verdad. Le gusta entretenerse jugando al golf, visitando museos, viajando...