Editorial

Una ventana abierta al entendimiento

Hablando se entiende la gente”. El presidente de la Generalitat de Cataluña, Artur Mas, admitió ayer tras visitar en Moncloa al presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, que “hay un clima de diálogo abierto bastante positivo; y mientras haya diálogo hay posibilidades de solución”. Y lo hizo tras dos años de relaciones marcados por la frialdad de posiciones frontales y ningún ánimo de concordia. Ayer no se produjo avance alguno en el conflicto soberanista planteado por Cataluña al Gobierno, con fecha y pregunta a los catalanes sobre su disposición a la independencia. Las posiciones siguen como estaban, pero el tiempo empieza a agotarse: Barcelona dice que celebrará la consulta porque tiene el respaldo político del Parlament y el apoyo social, y Madrid sigue negándole legalidad y asegura que “no se celebrará”. Pero si la economía fue el origen del conflicto, la economía puede ayudar a solventarlo. El presidente catalán, que acudió a Moncloa con la presión de la convulsión generada en Cataluña, y en el resto de España, por la súbita regularización que Pujol ha hecho de un patrimonio financiero alojado en el extranjero, propuso a Rajoy dialogar en torno a 23 cuestiones de carácter económico que a su juicio están estancadas y que impiden el gobierno razonable de los servicios públicos. Ingresos, infraestructuras, educación, puertos, etc., es la renovada demanda de la Generalitat para reabrir un diálogo político interrumpido hace dos años.

El tono empleado por el huésped catalán de Moncloa, desacostumbradamente moderado, tiene una buena dosis del sello de la recomposición de la relación, y se ajusta más a una negociación económica para mejorar los servicios públicos plenamente cantificable como la ofrecida por Rajoy en el encuentro, que a una disputa política irresolubre. Aunque se esforzó en destacar que nada tienen que ver sus 23 demandas concretas con la número 24, con la legalidad de la consulta soberanista, hay un inevitable hilo común. Mas necesita una ventana abierta por la que desahogar el vértigo que genera, a él y a miles de catalanes, la posibilidad de llegar al 9 de noviembre sin otro panorama que una consulta que solo sería plenamente legal si tuviere algo de lo que siempre carecerá: el respaldo de Madrid.

Mas ha logrado abrir una vía, aceptada de muy buen grado por Moncloa, para maniobrar y resolver un conflicto en el que estaría dispuesto a supuestas terceras vías, que a su juicio debería proponer el Gobierno, pero que “no ha explicitado”. Debe aprovecharla y parar la huida sin retorno de una consulta ilegal. No es tarde para reparar la vía de agua que amenaza con desbordar el cauce de la concordia, y que cada vez genera más desasosiego entre la ciudadanía española y catalana y que puede terminar afectando gravemente a una recuperación, que ha empezado a echar raíz también en Cataluña. Hablando se entiende la gente.