Gamesa supera la crisis eólica

Tras dos años de caída, el fabricante vuelve a registrar beneficios

No han pasado aún dos años desde que Gamesa arrancara en octubre de 2012 un plan que "dejó en shock" a la compañía, como ha descrito su presidente, Ignacio Martín. El fabricante de aerogeneradores empezó ese año con una deuda de 710 millones de euros, despidos y básicamente un mercado que había encogido respecto a la dimensión que había alcanzado la empresa.

El saldo de megavatios vendidos en 2013 en España fue cero, 13 años después de que la sociedad empezara a poner la vista en el negocio exterior, un salvavidas que ha elevado las ventas fuera desde el 5% en 2000 hasta cerca del 100% el año pasado, el peor para Gamesa en el mercado español. "Estábamos preparados para abastecer 4.000 megavatios y la demanda era la mitad. Había que reaccionar a la crisis eólica", comentan fuentes de la compañía.

La cura de adelgazamiento empieza a dar frutos. Redujo su deuda financiera un 15% en 2013, hasta los 420 millones de euros, y volvió a registrar beneficios, gracias en parte al colchón de los países emergentes. Hoy, América Latina e India representan el 80% de las ventas del fabricante con sede en Navarra. Echando la vista atrás, no sorprende que Gamesa se siga mostrando crítica con una reforma del sector energético en España "que era necesaria, pero consideramos que se ha realizado de forma injusta con una tecnología como la eólica, que ha aportado mucho a la economía nacional". Traducción: una aportación de 3.000 millones de euros al PIB (representa el 0,3%) y genera 150 millones de ingresos por recaudación fiscal.

Pero mientras aquí la industria sigue prácticamente parada, fuera la inversión en renovables empieza a recuperarse y las previsiones apuntan a un crecimiento de la demanda mundial para la eólica terrestre del 20% este año. Ese seguirá siendo el principal negocio de Gamesa, los aerogeneradores en tierra, al que la compañía ha puesto el broche este mes al cerrar una alianza con el gigante nuclear francés Areva, por la que crearán una nueva compañía de eólica marina participada al 50% por cada uno de los dos socios. Con ella, ambas aspiran a ganar un 20% de cuota de mercado en el negocio offshore en 2020, un potencial que ya ha atraído a gigantes como Siemens o General Electric. Esta industria augura un crecimiento mundial desde los 7 megavatios de potencia instalada en 2014 a 45 MW en 2020.

"Siempre hemos reconocido nuestro interés por el sector offshore, pero no entraríamos solos en un mercado con muy pocas compañías de ingresos muy diversificados". La nueva empresa nace con cero deuda y pedidos en firme en Francia, Reino Unido y Alemania, los tres con vistas al mar del Norte, que aglutina las mejores perspectivas para la industria eólica junto con los países asiáticos, con China a la cabeza.