Editorial

El reto de potenciar el sector exterior

La mejora de las constantes vitales de la economía española ha dejado de ser una tendencia incipiente para convertirse en una realidad que se consolida día a día. El último informe de comercio exterior del Ministerio de Economía, correspondiente al mes de mayo, revela un considerable crecimiento de las importaciones, que sumaron casi 110.000 millones de euros en los primeros cinco meses del año, un 5,3% más –un 8,2% en términos reales– que durante el mismo período del año anterior. En contraste, las exportaciones han aumentado apenas un 0,8% interanual, aunque ello suponga un nuevo máximo de la serie histórica, que se inicia en 1971.

Como consecuencia de ambas variables, el déficit comercial de España se ha disparado hasta los 10.405 millones de euros, lo que se traduce en un aumento del 82% respecto al registrado en los cinco primeros meses de 2013. En ese año, y gracias a un sacrificio considerable en materia de costes, precios y salarios, España logró alcanzar un superávit comercial equivalente al 1,4% del PIB, fruto del severo tirón de las exportaciones, que ejercieron de motor de nuestra economía en un momento en el que la demanda interna se hallaba bajo mínimos.

Ha sido, precisamente, el progresivo despertar de la demanda interna, junto al frenazo de nuestras ventas al exterior, lo que explica este abultado déficit comercial registrado hasta el mes de mayo. El aumento de la importación de bienes constituye una prueba palpable de que la economía española está dejando atrás los rigores del invierno. Un crecimiento que está alimentado por los procesos de inversión y mejora de algunos sectores industriales que tienen alta dependencia del exterior para producir. Es el caso del automóvil, que vive actualmente un momento de reactivación en nuestro país.

Las exportaciones, sin embargo, no han tenido un comportamiento similar. Pese a que las ventas de España al exterior han mostrado en los primeros meses del año una fortaleza superior a la de otras economías europeas, recomponer el equilibrio de la balanza comercial exige intensificar aún más nuestro potencial exportador. Para ello hay que seguir apostando por mejorar la competitividad de las empresas españolas tanto en los precios como en la calidad de los bienes que venden al exterior, una estrategia cuyo éxito depende también de la evolución de una moneda única que actualmente lastra las exportaciones europeas. No en vano, el riesgo que supone para la economía española una desaceleración del sector exterior es lo suficientemente serio como para aunar todos los esfuerzos que sean necesarios para evitarlo. De ello depende no solo la buena salud de la balanza comercial, sino también la consolidación en un plazo razonable de nuestras expectativas de recuperación.