Destinos internacionales

Vancouver, británica, indígena y aventurera

La ciudad canadiense atrae a turistas que buscan tanto diversidad cultural como naturaleza

Taxi acuático que lleva a la isla de Grandville.
Taxi acuático que lleva a la isla de Grandville. Thinkstock

Situado en el extremo suroeste de la Columbia Británica, nos encontramos Vancouver, la ciudad más poblada de la provincia y la tercera del país. Entre las imponentes Montañas Costeras, la desembocadura del río Fraser e inmensos bosques y lagos, Vancouver se erige como una ciudad coronada por grandes rascacielos y con un estilo de vida multicultural.

Aparte de encontrarse entre las ciudades con mayor calidad de vida, es un destino obligado para aquellos turistas que busquen cultura, diversidad y, por qué no, también naturaleza y aventura.

Pasear por el Downtown significa sentir esa diversidad cultural y étnica en primera persona. Sus barrios son muy diferentes entre ellos, pero todos tienen su particular encanto. Las calles empedradas, las galerías de arte y su arquitectura distintiva son algunos de los atractivos del Gastown, el barrio más antiguo y corazón de la ciudad.

Esconde el mejor jardín chino y un parque más grande que el Central Park de Nueva York

Este es un buen lugar para completar un largo y duro día de paseo tomándose una pinta de cerveza en uno de sus múltiples pubs con música en directo.

El barrio chino, por su parte, esconde en sus rincones el maravilloso Jardín Dr. Sun Tat-Sen. Los amantes de la cultura oriental se fascinarán al visitar el mejor jardín tradicional construido lejos del país asiático.

Ahora bien, si lo que quiere es empaparse de un ambiente un tanto más exclusivo y sofisticado, acérquese al Yaletown. En él podrá disfrutar de los mejores (y más caros) restaurantes de la ciudad y de lujosas boutiques no al alcance de cualquier bolsillo.

Tótem, en el parque Stanley.
Tótem, en el parque Stanley.

Puede optar también por algo más auténtico y típico canadiense. Para ello, la mejor opción es coger un taxi acuático y dirigirse a la isla de Grandville. Este pequeño rincón es uno de los puntos más visitados y pintorescos de Vancouver por su mercado tradicional. Aquí encontrará casi cualquier producto, tanto local como extranjero, desde papelería exótica hasta artículos indígenas fabricados localmente.

Los más cultos pueden completar su paseo por el Downtown con una visita a la Galería de Arte de Vancouver, un destino idóneo para deleitarse. Este centro cultural, el quinto más grande de Canadá, acoge cada año exposiciones de artistas de renombre internacional.

No olvide también que Vancouver le ofrece la otra cara de la moneda. Su enclave privilegiado concede a los amantes de la naturaleza la posibilidad de disfrutar de las mejores experiencias al aire libre.

El parque Stanley, por ejemplo, algo mayor que el neoyorquino Central Park. Con medio millar de árboles, es un destino obligado para aquellos que quieran desconectar del ambiente de la gran ciudad haciendo pícnic, footing, patinaje o leer contemplando una magnifica puesta de sol.

Los tótems, en la punta sudeste del parque, réplica de los elaborados por los nativos, son uno de los principales atractivos turísticos de la ciudad.

Imprescindibles

Puente colgante Capitalino.
Puente colgante Capitalino. Thinkstock

Para intrépidos. Cruzando el río Fraser, en North Vancouver, se localiza una de las atracciones más importantes de la ciudad, el puente colgante Capilano. Los más intrépidos podrán darse un paseo a nada menos que 80 metros de altura entre las copas de los árboles. La experiencia es increíble, eso sí, no muy recomendable si se tiene miedo a las alturas.

La cuna del esquí. Si alquila un coche o toma un tren, puede ir a Whistler, la cuna del esquí. A 90 minutos de Vancouver, un paraíso para las actividades de montaña. Suba hasta la cima de la estación en funicular o admire las magníficas cascadas, lagos cristalinos o campos de golf.

Para comer. Para descansar de tanta actividad al aire libre puede darse un relajante paseo por las calles de Whistler Village, un precioso pueblo con buenos restaurantes y tiendas internacionales. Su buena infraestructura mejoró al realizarse los Juegos Olímpicos de Invierno de 2010.