Editorial

Una verdadera autoridad fiscal

La Autoridad Fiscal Independiente ha echado a andar en España utilizando el modelo de otros países que caminan a la vanguardia de la vigilancia de la gestión pública y de la rendición de cuentas por parte de las instituciones que ingresan y gastan el dinero de todos. Aunque no dispone de herramientas sancionadoras de las conductas, sí tiene a su disposición los instrumentos coercitivos suficientes para poner en primer plano la transparencia en la gobernanza pública, y debe hacer valer las atribuciones que le otorga la normativa para que los organismos fiscalizados se ciñan al rigor lo máximo posible y evitar cualquier desviación en el uso de los recursos colectivos.

El primer informe sobre diseño y ejecución de los planes de ajuste de seis comunidades autónomas con desviación en sus cuentas será el estreno de la Airef, y si sus recomendaciones no son atendidas, deberá explicar cada afectado por qué no lo hace. Es esa una de las cuestiones más urgentes, como lo es el control de la deuda pública, que ha crecido vertiginosamente en la crisis y ha entrado en valores peligrosos. El Airef y su presidente deben convertirse en prescriptores de los problemas estructurales más arriesgados, y manifestar cuantas alertas sean precisas para que la gestión pública de la economía corrija con anticipación y evite ajustes bruscos.