Pugna por la presidencia de la CE

Cameron libra su última batalla para evitar que Juncker presida la Comisión

Jean-Claude Juncker, ayer en la cumbre del Partido Popular Europeo en Kortrijk (Bélgica).
Jean-Claude Juncker, ayer en la cumbre del Partido Popular Europeo en Kortrijk (Bélgica).

La cumbre arrancó el jueves en la localidad belga de Ypres, donde los 28 países de la Unión Europea se reunieron para conmemorar el 100 aniversario de la I Guerra Mundial. Los campos de Flandes, escenarios de algunas de las batallas más cruentas de aquella conflagración, se prestan de manera inevitable a una lectura simbólica sobre el choque en ciernes entre el Reino Unido y un continente liderado por Berlín.

Pero la analogía tiene sus límites. Un siglo después de aquel conflicto brutal, ahora se trata de una batalla diplomática y por un motivo más inofensivo, como es la elección de un presidente de la Comisión Europea. “Tenemos nuestras diferencias”, señaló el presidente saliente, José Manuel Barroso. “Pero las resolvemos alrededor de una mesa, no en el campo de batalla”.

Aun así, la tensión política alcanzaba anoche cotas extremas, durante una cena en la que, en teoría, solo debía discutirse la llamada “agenda estratégica de la UE” para los próximos cinco años. El documento, bastante genérico, pretende balizar la labor del futuro presidente de la CE. Y es tan inconcreto que podría aplicarlo Juncker o cualquier otro presidente.

Pero la aprobación de esa agenda supone la penúltima oportunidad para que el Reino Unido intente frenar a Juncker, a quien no considera la persona apropiada para llevarlo a cabo. El resto de países, sin embargo, se mostraron ayer convencidos de que el luxemburgués es la persona adecuada para aplicar el plan pactado y que tiene derecho a hacerlo como representante del Partido Popular Europeo, la formación más votada en las elecciones europeas del pasado 25 de mayo.

Si la agenda y el nombre de Juncker se confirman durante la segunda sesión de la cumbre (que tendrá lugar hoy en Bruselas), a Cameron le queda una última maniobra para intentar frustrar la candidatura de Juncker, que consistirá en exigir que se vote su nombramiento. “El resto de país aceptarán la propuesta y hay una aplastante mayoría a favor de Juncker,”, anticipa el resultado una fuente diplomático.

Se trata, sin embargo, de una votación sin precedentes y que muchos gobiernos preferirían evitar. Desde 1960, los 11 presidentes de la Comisión se han elegido por consenso. Incluso tras la entrada en vigor del Tratado de Niza (2002), que permite el nombramiento por mayoría cualificada, los líderes europeos prefirieron cubrir un puesto tan trascendental con una persona que suscitará la unanimidad entre todos los socios o que, al menos, no provocara un rechazo frontal en ninguna capital.

En su campaña contra Juncker, Cameron parece dispuesto acabar con esa tradición y exigir que el Consejo Europeo vote nominalmente por el candidato. Fuentes diplomáticas británicas reconocen que no disponen de aliados suficientes para ganar esa votación (disponen de 29 votos y necesitarían 93). Solo Hungría (12 votos) parecería dispuesta a votar en contra Juncker.

Regateo

Pero Londres quiere que quede de manifiesto su oposición al luxemburgués, al que Cameron identifica como “un hombre del pasado”, sin las credenciales reformistas que, a su entender, reclamó la opinión pública en las elecciones al Parlamento Europeo del 25 de mayo.

Al mismo tiempo, Reino Unido pretendería sonrojar a los países que, incluso tras la victoria del Partido Popular Europeo en el 25-M, se resistían al nombramiento de su candidato, Jean Claude Juncker, y que a juicio de Londres parecen haber cambiado de bando. En ese grupo se encontrarían Alemania, Holanda y Suecia.

Esos países, sin embargo, parecen dispuestos a aceptar el reto. “No será dramático si elegimos al presidente por mayoría cualificada”, señaló ayer la canciller alemana, Angela Merkel, la aliada más estrecha de Merkel hasta este rifirrafe sobre la presidencia de la CE. La preocupación más acuciante ahora apunta al reparto de otros cargos, con un regateo por la presidencia del Consejo Europeo, la carera Política Exterior y la presidencia del Eurogrupo.