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Cuando miles de usuarios se unen los inversores aplauden

El consumo colaborativo despunta como la gran apuesta inversora

Cuando miles de usuarios se unen los inversores aplauden

En apenas cuatro años desde su creación en San Francisco, la plataforma Uber ha crecido hasta valer para los inversores 18.200 millones de dólares (13.377 millones de euros). En esa misma ciudad, imán de la innovación tecnológica, la start-up de alquiler de habitaciones y casas privadas Airbnb ha superado el valor de gigantes hoteleros como Hyatt, estimada en 8.300 millones de dólares. Mientras España se estrena en el boom y las dudas legales de la economía colaborativa, este sector ya es el objetivo de grandes fondos de inversión al otro lado del Atlántico. Por poner dos sonoros ejemplos, los colosos Google Ventures y Goldman Sachs figuran entre los fondos de inversión que han entrado en Uber.

¿Qué hace tan atractivas para los inversores las compañías de consumo colaborativo? “Es una tremenda oportunidad de valor, tienen un potencial de rentabilidad extraordinario. Los usuarios optan por ellas y los inversores nos hemos subido al tren. Si juntas una comunidad de usuarios y la tecnología, las posibilidades son infinitas”. La conclusión es de Luis Martín Cabiedes, socio cofundador de Cabiedes & Partners, una referencia de la apuesta en España por negocios tecnológicos. La plataforma de intercambio de coches BlaBlaCar es una de las 67 compañías participadas de consumo colaborativo por esta firma, para la que este “imparable sector” representa algo más del 40% de sus inversiones.

Como estos inversores privados, otros business angels, o sea, particulares que arriesgan su patrimonio en negocios innovadores, están aupando la economía colaborativa en España, con halagüeñas perspectivas. Según la consultora Nielsen, especializada en análisis de tendencias de consumo, los usuarios españoles figuran entre los diez primeros países favorables a alquilar productos y servicios de otros usuarios. “Antes, la gente los compartía de forma desinteresada.

Empezó por el ocio, por la música. El mejor ejemplo es Youtube. Ahora la gente ha encontrado una forma de monetizarlo, los sacan al mercado, lo cual es un cambio muy importante”, comenta Nacho de Pinedo, fundador del Instituto Superior para el Desarrollo de Internet (ISDI), referencia del sector en España. Unas veces el activo será la casa, como Airbnb, otras el coche, como BlaBlaCar; ropa para niños, como Percentil, o incluso un préstamo entre particulares que no se conocen, sin pasar por los bancos, como Comunitae. “La clave está en que los usuarios sacan rendimiento a un activo ocioso, como la ropa de los niños, si no han tenido tiempo de usarla”.
Al final, para los inversores, la gran ventaja de la economía colaborativa “es que los propios consumidores generan la cartera de negocio y es muy fácilmente replicable en otros países”, matiza De Pinedo.

Los expertos aluden a la crisis como palanca de este nuevo tipo de negocio liderado por pequeñas compañías start-ups tecnológicas, pero no creen que una vez superado el bache, los usuarios vayan a dar marcha atrás en su impulso de intercambiar bienes y servicios que ahora mantienen ociosos. “El momento todavía es de crisis y la gente intenta sacar rentabilidad a todo lo que puede, pero es imparable”, comenta otro analista.

Como resume Francisco Soler, director de inversiones de la Fundación Creas, dedicada a gestionar la cartera de business angels que apuestan por proyectos sociales y medioambientales en su primera fase de desarrollo, “cuando muchas personas dejan de hacer lo tradicional, aparece una oportunidad interesante. El enfoque cada vez está más en el uso y no en la propiedad. Aún no vemos las consecuencias, pero la duración y profundidad de la crisis han hecho que se revise el modelo productivo. La tecnología atrae de forma masiva a las personas”.
Esta gestora tiene como participada a la compañía de carsharing Bluemove. Creas también ha entrado en el espacio compartido de trabajo Hub en Madrid.