En portada

Iberdrola lidera el boom de los bonos verdes

Los 750 millones captados se destinarán a proyectos respetuosos con el medio ambiente

Iberdrola lidera el boom de los bonos verdes

Todo lo que lleva el apellido verde sube como la espuma. La renta fija no iba a ser menos y los bonos verdes con menos de cuatro años de vida superan los 11.700 millones de euros. Hasta junio, la cifra de títulos de deuda respetuosos con el medio ambiente lanzados en 2013 se ha multiplicado por diez, según los datos de la firma de análisis Dealogic.

¿Qué es un bono verde? Es un título de deuda en el que el emisor se compromete a que el dinero captado por los inversores se destinará a proyectos respetuosos o que mejoren el medio ambiente. Esto supone inversión para programas que luchen contra el cambio climático, de energías renovables, inyección para investigación en fuentes eléctricas que sean más eficientes y en coches menos contaminantes. Para que una compañía u organismo pueda colocarlos con el distintivo verde necesita la certificación de una auditora independiente.

Estos títulos tienen gran aceptación entre fondos de inversión (con criterios éticos, especializados en renovables y en sostenibilidad) y en planes de pensiones (con criterios socialmente responsables ) y por fondos soberanos (como el noruego, catarí o abudabí).
Entidades financieras (Banco de Toronto, Banco Europeo de Inversiones, Banco Mundial o el Banco Africano para el Desarrollo), organismos mundiales (Instituto de Exportación de Canadá), corporaciones locales (las regiones francesas de Limousin o Ile-de-France, Estocolmo o Gotemburgo), empresas energéticas (GDF Suez o Iberdrola), papeleras (Svenka Celulosa), inmobiliarias (Regency Center, Rodamco, Vasalkronan) y automovilísticas (Toyota) han colocado en el mercado títulos de renta fija por valor de 16.000 millones de dólares.

En España, Iberdrola es la compañía que lidera este segmento. En abril emitió 750 millones de euros. “De aquí a dos años, en España habrá muchos más emisores”, pronostica Pablo Lladó, director de mercado de capitales de Crédit Agricole. Todo el que pueda emitir bonos verdes lo hará porque se están colocando a los precios de mercado y se está ampliando la base inversora, añade Lladó.

El 80% de las emisiones son adquiridas por los inversores institucionales tradicionales

El negocio de los bonos verdes es muy reciente. El primer año del que hay estadísticas es 2010, cuando se realizaron diez colocaciones por valor de 678 millones de euros, de acuerdo con Dealogic. Después, el efecto de la crisis se notó y descendió el volumen de emisiones. Un año después, en 2011, solo se registraron 9 millones y en 2012 estos títulos supusieron únicamente 117 millones.
En 2013, los mejores datos económicos en Europa alentaron el mercado de capitales. Los emisores aprovecharon las ventas de liquidez y listaron bonos respetuosos con el medio ambiente por importe de 1.243 millones. La explosión de estos títulos ha tenido lugar este año. Hasta junio se han colocado casi 12.000 millones de euros de esta categoría. Se han emitido en EEUU, Japón, Reino Unido, Canadá, Suecia, Francia y España.

Del análisis de los emisores de bonos verdes se comprueba también la mayor presencia de compañías nórdicas, donde la conciencia medioambiental está más presente. Municipios como Gotemburgo y Estocolmo han lanzado colocaciones para realizar proyectos municipales respetuosos con la ciudad. También en la vecina Francia, la región de Limousin y un distrito de París, entornos que llevan años apostando por movilidad sostenible, se han sumado a estas colocaciones.

Sobresale Japón, que tras el incidente sufrido en la central nuclear de Fukushima por el maremoto ha incrementado su inversión en energías limpias, buscando alternativas al uranio. Allí, la enseña Toyota ha hecho una apuesta decidida por reducir las emisiones contaminantes a través de sus coches híbridos. El presidente de la compañía nipona en España, Jacques Pieraerts, explicó a CincoDías que en 2015 contarían “con un modelo que se moverá a partir de una pila de hidrógeno, prescindiendo por completo de la gasolina”.
Unilever, uno de los grandes productores de bebidas y alimentos (Knorr), trabaja para reducir el consumo de agua y desechos en su línea de producción y también por el impacto de los embalajes en la huella de carbono.

En España, el único jugador que ha salido al terreno de los bonos verdes es Iberdrola. La apuesta de esta compañía por las energías limpias se ha concentrado sobre todo en la eólica y la hidráulica, porque las considera más eficientes que las solares, a las que su presidente, Ignacio Sánchez Galán, ha acusado reiteradamente de ser parte responsable del déficit de tarifa. “Si se suspendiera la producción con estas tecnologías, la factura podría bajar en más de un 10%”, ha señalado en repetidas ocasiones.

Los bonos verdes emitidos por Iberdrola tendrán una duración de 8,5 años y ofrecerán a los inversores un tipo de interés del 2,5%, muy en línea con la rentabilidad que dan sus competidores en este segmento, que se sitúa actualmente en el 2,4%, según el análisis de Dealogic.
Los mayores rendimientos de títulos respetuosos con el medio ambiente los ofreció una emisión del Banco Europeo de Inversiones (BEI), realizada el pasado mes de marzo, que se lanzó al 6,8% de interés. Solo los suscriptores de 17 millones de euros obtendrán esta rentabilidad. En junio, los compradores de otras dos líneas de deuda por importe 44 millones de euros y 83 millones de euros obtendrán, respectivamente, el 6,1% y el 4,9%. En marzo, el BEI emitió casi 600 millones a un tipo menor, el 5,9%.

Los peores rendimientos para los inversores los ofrecen los bonos de la empresa japonesa Toyota, donde las rentabilidades de sus títulos se sitúan en el 0,2% y el 0,7%. La duración de estos títulos respetuosos con el entorno varía entre uno y seis años.
La buena colocación de estos títulos está animando a otros emisores que están pensando en sacar más títulos. “Es un mercado no desarrollado, muy incipiente”, señala un colocador. El 80% del volumen de las emisiones verdes sigue siendo comprado por emisores tradicionales. Y solo el 20% de ellos son adquiridos por inversores especializados en suscribir títulos con criterios éticos o medioambientales. “Es un mercado que va creciendo y con gran potencial de desarrollo”.

El cambio climático es una realidad para las empresas. Todas las compañías que investiguen o trabajen para mitigar su impacto podrían emitir bonos verdes si consiguen la autorización de las auditoras. La línea de trabajo es inmensa, desde las cementeras que rebajen emisiones contaminantes, pasando por las automovilísticas y otras muchas como bodegueras o estaciones de esquí. ¿Podría el Ayuntamiento de Madrid emitirlos para mejorar la polución?