Veinte años después... Madrid vuelve a ser pop

Warhol, Lichtenstein, Hockney o Hamilton, entre los artistas incluidos en la muestra

La exposición examina esta corriente desde la perspectiva del siglo XXI

'El abrazo', de Juan Genovés.
'El abrazo', de Juan Genovés.

Está llamada a ser la exposición del verano. Por varias razones. Entre ellas, que hace más de 20 años que Madrid no organiza una muestra dedicada al arte pop. La anterior fue en el Museo Reina Sofía en 1992. La de ahora, Mitos del pop, se puede ver hasta el 14 de septiembre en el Museo Thyssen-Bornemisza. De todo ello se ha encargado la comisaria Paloma Alarcó, jefe de conservación de pintura moderna de la citada pinacoteca, que propone una selección de más de un centenar de obras de esta corriente artística desde la perspectiva que ofrece el siglo XXI.

En un paseo por diversas salas se recoge la experiencia pionera del pop británico, el clásico norteamericano y su expansión por Europa, pero también pretende rastrear las fuentes comunes del pop internacional y realizar una revisión de los mitos que tradicionalmente han definido al movimiento.

Se trata de una exposición fácilmente reconocible, ya que muestra algunas de las míticas imágenes de artistas tan significativos y algunos tan cotidianos, como Warhol, Lichtenstein, Hockney, Rauschenberg, Wesselmann, Hamilton o Equipo Crónica, entre otros muchos, que muestran su particular, impactante y en algunos casos colorida percepción de la realidad, un código que aún sigue vigente en el arte de nuestros días.

'Mujer en el baño', de Roy Lichtenstein. ampliar foto
'Mujer en el baño', de Roy Lichtenstein.

Braque en el Guggenheim

Con motivo del 50 aniversario de la muerte del artista, el Museo Guggenheim Bilbao rinde homenaje al pintor y escultor francés Georges Braque, la retrospectiva más ambiciosa celebrada hasta la fecha en España. Se trata de un repaso a la obra de una de las figuras más relevantes de la vanguardia del siglo pasado. Un recorrido cronológico que abarca todas las etapas de su trayectoria artística, desde sus inicios en el fauvismo hasta sus últimas series dedicadas a los talleres, a los pájaros y a los paisajes de Varengeville.

La muestra recoge 250 piezas distribuidas en ocho salas, cuenta con el patrocinio de la Fundación BBVA y con los préstamos del Centro Georges Pompidou, organizador de la exposición junto al Grand Palais de diversas colecciones públicas y de particulares internacionales.

En el recorrido hay algunas de las grandes obras maestras del que fuera precursor, junto a Picasso, del cubismo, e inventor de la técnica de los papiers collés, de los papeles pegados. Entre ellas, El puerto, Paisaje de L’Estaque o Gran desnudo.

Una sala completa del edificio de Frank Gehry está dedicada a la relación de Braque con los ballets rusos y con el teatro. Se podrá ver hasta el 21 de septiembre.

El arte pop supo conectar, más que cualquier otra corriente artística, la imaginación popular. Su aparición a finales de los años cincuenta y comienzos de los sesenta fue uno de los momentos más liberadores de la historia del arte; y no solo resultó atrayente para el gran público, sino que la radicalidad de su desafío cautivó también a numerosos círculos intelectuales. Entre la extenuación que provocaba por entonces el idealismo del movimiento moderno, introspectivo y tópico, el arte pop proponía a las nuevas generaciones todo un excitante mundo secularizado en el que ya no existían límites entre la alta y la baja cultura, entre lo artístico y lo profano.

Para el pop, toda imagen era reciclable, todo objeto era susceptible de convertirse en arte y su verdadero propósito, que el tiempo ha demostrado que logró, era ofrecer una nueva interpretación de la imagen de la cultura contemporánea. Su adscripción decidida a la nueva cultura de la tecnología y el consumo echaba por tierra los anhelos heroicos y subjetivos de las vanguardias anteriores y reintegraba el arte al mundo real.

Los artistas de esta corriente supieron conectar con el gran público y abrieron un debate sobre las relaciones entre lo estético y lo antiestético. El pop esconde una paradoja apasionante: por un lado, fue un movimiento innovador que abrió el camino a la posmodernidad, pero a la vez manifestó una clara orientación hacia el pasado. La ambición del pop de conectar con la tradición utilizando nuevos medios artísticos derivados de la televisión, la publicidad o el cómic se concentró sobre todo en la nueva valoración de los estilos y los géneros artísticos y en la reinterpretación de las obras de los maestros antiguos, de las que harían homenajes o parodias irreverentes.

La exposición cuenta con la colaboración de Japan Tobacco International (JTI) y reúne obras procedentes de más de medio centenar de museos y colecciones particulares de todo el mundo, con préstamos de la National Gallery de Washington, la Tate de Londres, el IVAM valenciano o la colección Mugrabi de Nueva York.