Editorial

Fomento abre el mercado a los monopolios

El Consejo de Ministros sigue poniendo negro sobre blanco las reformas que componen la hoja de ruta liberalizadora que anunció hace una semana para desenmarañar una buena parte de la infinidad de nudos que reducen la capacidad potencial del crecimiento económico. Además de cuestiones de trascendencia más limitada, como la posibilidad de compartir información entre el Registro de la Propiedad y el Catastro, o agilizar el sistema de abonos de cotizaciones de la Seguridad Social, el Gobierno ha iberalizado parcialmente el transporte ferroviario de viajeros, y ha decidido poner en manos privadas el 49% del capital de Aeropuertos Nacionales (Aena). Dos pasos que suponen abrir al juego vivificante del mercado dos monopolios naturales históricos, con el consiguiente efecto dinamizador de la competencia tanto en precios como en mejora de la calidad de los servicios.

En el caso del transporte de viajeros, Fomento ensayará con la línea Madrid-Levante, una de las que disponen de mayor cuota de mercado en el tráfico de pasajeros (nada menos que un 27% del total del movimiento en el citado corredor y por tanto es más jugosa para experimentar la liberalización), cómo se comporta el negocio durante los próximos siete años con un operador más (captado mediante concurso), que deberá competir con el público, con Renfe. Si en este septenio acompaña un buen ciclo de crecimiento, al que necesariamente contribuirá esta propia decisión, veremos movimientos de precios y mejoras competitivas en un servicio que en un mercado cautivo tiende a la inercia de la complacencia. En todo caso, el Gobierno debería considerar acortar los plazos y, en el caso muy probable de mejoras apreciables en los precios, la calidad y los tráficos en un trayecto que compite también con el avión, el automóvil y el autobús, acelerar la incorporación de nuevos trayectos al mercado libre, incluso con más operadores. En el concurso para el Madrid-Levante se podrá comprobar cómo el apetito por este mercado es bastante elevado.

La privatización de Aena, por su parte, es una de las decisiones más esperadas por el mercado, tanto por ser la aviación comercial uno de los negocios de mayor crecimiento en el futuro, como por la capacidad de reportar retornos al erario público, que bien necesitado está de ellos. La fórmula elegida garantiza tanto el control público de la compañía (el Estado retiene el 51% del capital), fundamental en un servicio estratégico para la economía nacional como son los aeropuertos y la navegación aérea, como la unidad de todos los componentes del negocio (la red de aeropuertos), innegociable en un país en el que el turismo es su primera industria. El formato proporciona también una buena oportunidad a los particulares de participar como inversores en una actividad de ingresos, beneficios y dividendos recurrentes.