Travis Kalanick, CEO de Uber

El inconformista incansable

Tras afrontar muchas aventuras empresariales, Travis Kalanick ha alcanzado el éxito con la creación de la controvertida aplicación Uber

Caricatura de Travis Kalanick, cofundador y consejero delegado de Uber.
Caricatura de Travis Kalanick, cofundador y consejero delegado de Uber.

Una aplicación para móviles ha sido capaz de poner en pie de guerra esta semana a miles de taxistas de las principales ciudades europeas. El éxito de Uber, que pone en contacto a viajeros y conductores (no profesionales) inquieta al sector, y es que esta compañía nacida en San Francisco hace cuatro años ya está valorada en 13.000 millones de euros y según algunos medios factura unos 14 millones de euros a la semana. Travis Kalanick (Los Ángeles, California, 1977) es uno de los fundadores y el actual consejero delegado de lo que para unos es una herramienta de gran utilidad y para otros una amenaza.

Son muchos los que han descrito a este joven, ahora una de las grandes personalidades de Silicon Valley, como alguien inteligente con una mente inquieta, aunque no faltan quienes lo tachan de ser un tanto arrogante. Lo que está claro es que el espíritu emprendedor corre por sus venas, y es que Uber no ha sido su primera aventura corporativa. Con apenas 18 años lanzó su primer negocio –un servicio para preparar los exámenes de acceso a la universidad (SAT)–. Después llegaron más incursiones empresariales que inició mientras cursaba sus estudios superiores y continuaron después.

Algunos de sus compañeros de clase del instituto declaraban recientemente a la publicación Business Insider que recuerdan a Kalanick siempre en actitud de intentar ofrecer grandes tratos. Puede que heredara de su madre, encargada del departamento de publicidad en Los Angeles Daily News, las habilidades comerciales pero el responsable de Uber también ha sabido combinarlas a lo largo de su trayectoria con conocimientos técnicos (a los que tal vez se acercó gracias a su padre, ingeniero).

Más dotado para las matemáticas que para las letras, sus buenas notas le habrían permitido estudiar en casi cualquier sitio, pero decidió no ir demasiado lejos y optar por la Universidad de California en Los Ángeles. Allí se formó como ingeniero informático y conoció a los compañeros con los que fundó Scour, una página web que permitía a los usuarios compartir archivos (fue uno de los primeros grandes buscadores del sistema P2P). Esta idea ya empezó a procurar enemigos a Kalanick, puesto que los generadores de contenidos veían por primera vez cómo los usuarios accedían a sus productos sin necesidad de pagar por ellos.

De nacer en la habitación de unos jóvenes universitarios, como tantas empresas de_Silicon Valley, la compañía pasó a despertar el interés de múltiples inversores, pero las imperfecciones de su sistema acabaron por relegarla a un segundo plano y, definitivamente, la condenaron al cierre.

Se ha convertido en un modelo a seguir para los jóvenes creadores de 'startups', que esperan replicar su éxito

En alguno de sus discursos públicos, este emprendedor nato ha reconocido que aquello supuso un gran golpe para él, pero finalmente solo fue el comienzo de su siguiente reto.

RedSwoosh fue la siguiente startup que impulsó Kalanick con un compañero, también basada en el intercambio P2P. Tras algunos altibajos y ciertos problemas con el equipo, la empresa Akamai compró el negocio.

Sin embargo, pese a la buena posición económica que logró tras aquella operación, el espíritu incansable de este empresario –más amigo de las bermudas y las camisetas que de los trajes– volvió a aparecer en escena y tras pasar algún tiempo viajando por numerosos rincones del mundo, Travis Kalanick inició la preparación de su siguiente proyecto: esa aplicación que ha levantado en armas a los taxistas de media Europa.

Considerado un genio por muchos de los que han trabajado a su lado, sus formas en algunas situaciones no acaban, en cambio, de convencer. Y es que la exigencia del creador de Uber con los demás parece ser tan grande como la que se aplica a sí mismo. Con una gran autoestima, pocos ponen en duda que todo lo que ha conseguido Kalanick se lo ha ganado a pulso gracias a su esfuerzo. La revista Fortune lo calificaba hace unos meses como el héroe rebelde de Silicon Valley.

Comparado a veces con otros grandes empresarios como Jeff Bezos, o incluso con Steve Jobs, se ha convertido en uno de los modelos a seguir por los jóvenes creadores de startups, que esperan replicar su éxito.

Amado y odiado a partes iguales, el propio emprendedor ha argumentado en alguna ocasión –y así lo han repetido algunas personas de su entorno y expertos en el mundo empresarial– que hubiera sido difícil conseguir tantos logros con un carácter menos descarado.

Acostumbrado a las críticas, el creador de Uber manifestaba en una entrevista al Wall_Street Journal que su objetivo es simplemente la eficiencia: conseguir lo mejor al precio más económico posible, sin mayores preocupaciones.

De hecho, la compañía mostraba esta semana su sorpresa ante la dimensión que han tomado las protestas en contra de Uber.

Convencido de que las normas desincentivan la innovación, Travis Kalanick anima a los jóvenes a enfrentarse a lo establecido siempre que estén convencidos de que tienen motivos para ello.

Sin hijos, ni pareja oficial conocida por el momento, parece que todos los esfuerzos de este empresario rebelde se centran exclusivamente en desarrollar sus ideas y defenderlas a capa y espada ante quién sea necesario.

Está claro que Kalanick no se dará por vencido fácilmente.