Relevo en la jefatura del Estado

Una amplia mayoría apoyará la ley de sucesión de la Corona

El Rey Juan Carlos conversa con el Príncipe de Asturias en el Monasterio de San Lorenzo de El Escorial (Madrid).
El Rey Juan Carlos conversa con el Príncipe de Asturias en el Monasterio de San Lorenzo de El Escorial (Madrid).

El presidente del Congreso, Jesús Posada, explicó ayer que calcula que la ley orgánica aprobada por el Consejo de Ministros y que regulará la sucesión del rey Juan Carlos en la figura de su hijo, el todavía Príncipe de Asturias, Felipe de Borbón, estará definitivamente aprobada el próximo 18 de junio.

Así lo anunció la tercera autoridad del Estado en declaraciones en la Cámara Baja antes de participar en el homenaje a los parlamentarios de las Cortes Constituyentes organizada por la Asociación de exdiputados y senadores. El calendario definitivo para la tramitación de la ley fue aprobado ayer por la Junta de Portavoces del Congreso, una vez que la Mesa de la Cámara calificó el proyecto de ley que el Gobierno remitió al Congreso.

Posada confirmó que la ley orgánica se tramitará por la vía de urgencia y en lectura única, es decir, con un solo debate sobre el articulado en el Pleno del Congreso, que se celebraría la próxima semana. Eso sí, por un lado hay que votar el procedimiento y, por otro, el contenido del proyecto.

Para ser aprobada en la Cámara Baja, la ley requerirá mayoría absoluta, lo que se traduce en un mínimo de 176 diputados, una cifra que se rebasará con creces pues se calcula que al menos 303 diputados de PP, PSOE, UPyD, CC, UPN y Foro van a respaldar el procedimiento. En este sentido, Posada confesó ayer a los periodistas en el Congreso que no le “preocupan” las concentraciones de partidarios de la República que tuvieron lugar el lunes en diversas ciudades del país porque, desde su punto de vista, la opción republicana es “minoritaria” y la Corona goza de un apoyo “muy, muy, muy mayoritario en nuestro país”.

Según los cálculos del presidente del Congreso, tras ser aprobado por la Cámara Baja el texto se enviará al Senado, donde se debatirá la semana siguiente, quedando definitivamente aprobado a más tardar el 18 de junio. A partir de ahí habría vía libre para convocar la sesión conjunta de las Cortes que albergará en el Congreso la ceremonia de proclamación del nuevo jefe del Estado. Se da la circunstancia de que el 24 de junio se celebra la onomástica del Rey, que en años anteriores ha incluido la celebración de una recepción a las altas instituciones del Estado, informa Europa Press.

El Rey, el Príncipe y doña Sofía continuaron con su agenda como estaba previsto

“Mi responsabilidad como presidente del Congreso y de las Cortes Generales es tenerlo todo preparado para que haya una tramitación jurídicamente perfecta, de acuerdo con los grupos y que no tenga ninguna mácula”, resumió Posada, quien no quiso adelantar la fecha que baraja para el acto de proclamación de Felipe VI y solo indicó que “lógicamente”, se hará “de acuerdo con el deseo de la Casa Real”.

El Senado también quiere debatir por lectura única directamente en el Pleno la ley que regulará la abdicación de la Corona, según manifestaron los grupos parlamentarios durante la Junta de Portavoces de este martes. Fue el PP el grupo que solicitó al resto de formaciones de la Cámara Baja debatir directamente la norma en sesión plenaria, sin necesidad de que pase por comisión y, según confirmó a los medios el vicepresidente primero del Senado, Juan José Lucas, el resto de grupos no mostró ninguna oposición. La Cámara Alta tiene en su agenda un pleno ordinario precisamente los días 17 y 18 de junio.

Tramitación coordinada

Una vez llegue el texto al Senado, e independientemente del proceso que finalmente se acuerde, para su aprobación requerirá únicamente mayoría simple y no mayoría absoluta como el Congreso, puesto que así está establecido en esta cámara para las leyes orgánicas.

A falta de conocer todos los detalles, el Senado espera que la tramitación sea rápida, al igual que en el Congreso, según las fuentes parlamentarias consultadas. Además, los Grupos son consientes de que la tramitación de la norma debe hacer de forma muy coordinada entre las dos Cámaras y el Gobierno.

Por su parte, tal y como estaba previsto, la norma aprobada ayer por el Consejo de Ministros constata en su primer apartado que Juan Carlos I abdica la Corona de España y afirma que la abdicación será efectiva cuando sea publicada la norma en el Boletín Oficial del Estado.

En la exposición de motivos, se recuerda que el Rey comunicó al presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, su “voluntad de abdicar mediante entrega de un escrito firmado en su presencia, con el siguiente tenor literal”, para, a continuación, reproducir el mensaje que don Juan Carlos dirigió el lunes a la nación explicando los motivos de su decisión.

Y mientras se va conociendo cómo se producirá el relevo en la Casa Real, ayer el rey don Juan Carlos y su hijo, el Príncipe de Asturias participaron juntos en el Monasterio de San Lorenzo de El Escorial en una ceremonia de condecoraciones militares, en la que supuso la primera imagen de ambos después del anuncio de la abdicación. Don Juan Carlos y don Felipe llegaron juntos, ataviados con sus uniformes del Ejército de Tierra, el primero con el de capitán general de las Fuerzas Armadas y el segundo con el de teniente coronel. El Príncipe pasará a ostentar el mando supremo de los Ejércitos cuando sea proclamado Rey, ya que este cargo es inherente a la condición de monarca. El todavía Rey y el futuro monarca Felipe VI asistieron a la reunión del Capítulo de la Real y Militar Orden de San Hermenegildo, una distinción militar y una orden de caballería española creada por Fernando VII al terminar la Guerra de la Independencia en 1814. Durante todos estos actos se pudo ver al monarca y a su hijo sonrientes y haciendo algún comentario entre ellos. Además, ambos entonaron juntos la canción del homenaje a los caídos, La muerte no es el final. Desde el año 2009 no se veía al Rey y al Príncipe juntos en este Capítulo de la Real y Militar Orden de San Hermenegildo.

Por su parte, la Reina Sofía recordó también ayer en un discurso pronunciado en la sede de la ONU la situación de las niñas secuestradas en Nigeria y defendió la necesidad de hacer más para garantizar la protección de los derechos de los niños en todo el mundo. La Reina, que inició una visita de dos días a Naciones Unidas y Nueva York, intervino en la sesión anual de la Junta Ejecutiva de Unicef, su primera aparición en público desde el anuncio de la abdicación del Rey, en una muestra más de que la agenda de la familia real se mantendrá, tal y como estaba previsto hasta que culmine el relevo.

“Hoy tenemos en nuestro pensamiento a los niños y niñas de África. Deseo dedicar unas palabras de emocionado recuerdo a las niñas secuestradas en Nigeria. Quiero decir a sus padres que sus hijas son nuestras hijas, su dolor es nuestro dolor y su esperanza es la nuestra”, dijo doña Sofía.

Don Juan Carlos perderá su blindaje jurídico

Uno de los efectos que acarreará la abdicación del Rey será la pérdida de su inviolabilidad, reconocida por la Constitución, cuando su hijo, el Príncipe de Asturias, asuma el trono. “La persona del Rey es inviolable y no está sujeta a responsabilidad”, señala el artículo 56.3 de la Carta Magna, que dejará de ser de aplicación para don Juan Carlos para afectar a don Felipe una vez que sea proclamado como Rey Felipe VI. De este modo perderá su blindaje jurídico y se podrían aceptar demandas judiciales contra él, aunque los expertos señalan que podría aprobarse posteriormente un aforamiento especial.

Del mismo modo, tal y como establece ese mismo artículo, a partir de ese momento los actos del nuevo monarca estarán “siempre refrendados” por el Gobierno. El artículo 64 aclara que los actos del jefe del Estado serán refrendados “por el presidente del Gobierno y, en su caso, por los ministros competentes” y agrega que “de los actos del Rey serán responsables las personas que los refrenden”. Fuentes de la Casa del Rey confirmaron ayer que este será uno de los efectos inmediatos de la proclamación de Felipe VI. Queda por ahora pendiente la regulación que el Gobierno anunció el pasado 4 de abril, para incluir en la condición de aforados ante el Tribunal Supremo a la Reina y los Príncipes de Asturias a través de una reforma de la Ley Orgánica del Poder Judicial.

Esta modificación normativa ya solo afectará a la futura Reina Letizia y a su primogénita, Leonor y supondría que, en caso de ser imputados, el proceso se remitiría al Supremo, como ocurre con diputados, senadores y miembros del Gobierno.

La fórmula para el juramento, todavía en el aire

Felipe de Borbón será proclamado Rey en una ceremonia ante las Cortes Generales. La Constitución solo señala que deberá jurar “desempeñar fielmente sus funciones, guardar y hacer guardar la Constitución y las leyes y respetar los derechos de los ciudadanos y de las Comunidades Autónomas”. La ley general que podía dictar las fórmulas nunca ha sido dictada, por lo que las palabras con las que Felipe VI accederá a la Corona no están regladas. Lo que sí marca la ley fundamental es que, como monarquía parlamentaria, las Cortes han de ser el escenario no solo del juramento, sino también de la proclamación del nuevo rey.

La ausencia de una norma imposibilita reseñar cómo será el acto, sus intervinientes y el protocolo. No hay antecedentes, ya que don Juan Carlos fue nombrado sucesor en la jefatura del Estado y, años después, proclamado Rey bajo las leyes de sucesión de Franco. En 1969, don Juan Carlos “juró lealtad a su Excelencia el jefe del Estado y fidelidad a los Principios del Movimiento Nacional y demás Leyes Fundamentales del Reino”, tal como dijo en su intervención.

Tampoco sirve la fórmula con la que, el 22 de noviembre de 1975, el Rey juró “por Dios y sobre los santos evangelios cumplir y hacer cumplir las leyes fundamentales del reino y guardar lealtad a los principios que informan el movimiento nacional”. La única referencia cercana es el juramento de la Constitución del Príncipe, al cumplir los 18 años, en 1986. Ni el Rey ni don Felipe vistieron uniforme militar. Tampoco se hicieron visibles símbolos religiosos católicos y fue el presidente del Congreso Gregorio Peces Barba el encargado de redactar sus palabras.