Los empleados remiendan las piezas de forma artesanal

Loro Piana, el reino de los trajes de vicuña

El pelo de este pariente de la llama produce un hilo más fino que el de la mejor cachemira

Las fibras pasan por múltiples controles de calidad durante todo el proceso productivo

Pelaje de vicuña.
Pelaje de vicuña.
Roccapietra (Italia)

Entre las montañas de Roccapietra (norte de Milán, al pie de los Alpes italianos) se esconde una de las fábricas de Loro Piana. Una catedral de la industria textil en la que las hebras pasan por un control de calidad desde que entran en los almacenes de la compañía hasta que los hilos están preparados para el telar. Tejidos suaves al tacto hechos de lana de merino y cachemira. Entre las materias primas empleadas destaca la vicuña, la fibra que ellos denominan de los dioses, por sus características.

El pelaje de este pariente de la llama, que habita en la cordillera de los Andes, a su paso por Perú y Argentina, produce un hilo extremadamente fino, que mide entre 12 y 13 micrómetros –la milésima parte de un milímetro– de grosor. La mejor cachemira alcanza entre 14 y 15 micrómetros. Se trata de un vellón de gran ligereza y suavidad.

Pese a sus excelentes propiedades, la citada fibra pasa por un exhaustivo control de calidad antes de entrar en las máquinas de hilado. Esta función corresponde al laboratorio. Allí los trabajadores realizan una primera inspección visual para eliminar impurezas, como fibras con un color no correspondería al del pelaje, cuya tonalidad ha de ser cobriza y dorada.

Tela confeccionada con vicuña.
Tela confeccionada con vicuña.

Tras el hilado, la materia prima pasa a la planta que la empresa posee en Quarona (norte de Italia), donde 600 empleados fabrican el tejido que servirá para coser trajes, jerseys, mantas... La tela que urden las máquinas es áspera y rugosa al tacto. Por este motivo se somete a varios procesos de limpieza. En uno de ellos, los operarios lo revisan de forma manual que no contenga aún impurezas, como hilos que no se correspondan con la forma que ha de tener el tejido.

Los empleados usan unas agujas para rasgar el paño en la parte donde se encuentra la tara. Una vez finalizada la tarea, remiendan el agujero. Pueden dedicar de dos a ocho horas a revisar una pieza de tela. El producto final solo puede contener 1,5 defectos por cada metro de material. El resultado es un tejido de vicuña cálido al tiempo que ligero. Uniforme al tacto y agradable de seguir con la yema de los dedos. Una fibra de dioses.

La multinacional del lujo tiene 2.600 empleados y 146 tiendas en países como Estados Unidos, Japón, China y Catar, que es el primer comprador de esta preciosa hebra. Pietro Loro Piana, bisabuelo de su actual vicepresidente, fundó la empresa en 1924 en Quarona, sede de la sociedad. Casi un siglo después, esta empresa familiar pertenece al grupo francés LVMH Moët Hennessy Louis Vuitton. Su presidente es Antoine Arnault, hijo del propietario.

Seis semanas de espera y 20.000 euros

Chaqueta de cachemira y seda.
Chaqueta de cachemira y seda.

Varias razones hacen que Loro Piana sea sinónimo de exclusividad. La empresa tarda, de media, seis semanas en confeccionar trajes hechos a mano, cuyo precio puede superar los 20.000 euros. En su afán por innovar, busca materias primas exclusivas como la flor de loto, que la empresa descubrió en Myanmar en 2010. Los artesanos de este país del sudeste asiático usan los tallos de la planta para preparar un hilo suave, resistente a las arrugas y transpirable. Este ingrediente se utiliza en trajes de primavera y verano. La compañía solo puede fabricar 15 chaquetas al mes con esta fibra debido a su escasez.

De su laboratorio, además, ha salido otro descubrimiento. Loro Piana ha patentado el sistema de impermeabilización storm system, que combina los tejidos de tal manera que rechazan los líquidos al tiempo que permiten a la piel transpirar.