Editorial

Minipréstamos en la oscuridad

Una de las manifestaciones más rotundas de la larga crisis económica y una de las causas de que esta no remita definitivamente es la lenta recuperación del crédito a las familias y a las empresas. El consenso sostiene que, mientras el grifo de los préstamos no se abra, el motor de la economía no empezará a acelerar. Es en este escenario general de elevada demanda y poca oferta en el que se mueve un nuevo negocio financiero sobre el que conviene poner atención. Se trata de los minipréstamos de urgencia, una actividad pilotada por al menos una decena de empresas, sociedades anónimas, limitadas o incluso filiales de bancos europeos, que centran su actividad en conceder créditos de pequeña cuantía, sin apenas garantías reales y a un interés en el que el 1.000% TAE no suena a locura, es decir, que se mueven en el campo en el que se cultiva la usura. Apoyadas en la extraordinaria herramienta que es internet, estas sociedades anuncian sus productos con la naturalidad que da actuar en un mercado legal, en el que cualquiera puede prestar y cualquiera pedir prestado. Sin embargo, la extraordinaria opacidad en que se mueven, los intereses fuera de lo común que demandan y la imprescindible prudencia que requiere esta actividad demanda, como mínimo, una seria regulación y supervisión.