Tribuna

Objetivos para una UE por definir

Definir retos cuando queda pendiente definir Europa. Saber escoger las prioridades, las de verdad, las que importan a la ciudadanía, la siempre olvidada ciudadanía. La Europa inacabada, como asevera el profesor García Coso. Todo por hacer. Distintas Europas en una sola. Ni velocidades ni identidades, solo Europa. La Europa que juega a ser política en un escenario complejo y donde no se toma el pulso que decide. La Europa una vez motor económico y que hoy bascula entre la indefinición y el conato de liderazgo alemán. Y la noria gira, machadiana y somnolienta. Más impulso para el Parlamento, más democracia aparente para la elección de una nueva Comisión, aunque todo se verá al final. Viejos resortes y pretéritas artimañas y maneras de ejercer el poder entre bambalinas caprichosas y los dictados de quienes mandan y dejan mandar.

Pero esta Europa una vez raptada de vanidades, egoísmos e impotencias necesita marcar un horizonte y unos retos muy claros en esta legislatura. Retos que urgen y que redimensionarán el papel de esta Unión que sigue atrapada en una absoluta ausencia de liderazgo, marasmo de dudas e incertidumbres en cuanto a su posición como actor global. Demasiado lejano entre atalayas de indiferencia y pasividad lacerante. Más Europa, pero falta audacia, coraje, valentía y buenas dosis de liderazgo. La Europa menguante, que ni puede, y parece que no sabe o desea, ejercer no ya liderazgo, sino protagonismo en el escenario internacional. La Europa que lucha contra sí misma, contra sus viejos tabúes, la que cambia rumbos e instituciones, políticas y ámbitos y espacios de soberanías. La que bascula, la que teme, la que convive con tensiones y discrepancias, visiones y proyectos a veces antagónicos. La Europa que se ha fragilizado con la crisis económica, antes de la cual, o yuxtaponiéndose a esta, había otra, sigue habiéndola, la crisis de identidad e institucional. Los viejos temores, cual viejos demonios, han arrostrado el camino en esta última década, llámese unión fiscal, bancaria, comunitarización de la deuda y eurobonos, rigor presupuestario, déficit y un largo etcétera. Ya no se trata de más o menos Europa, sino de otra Europa más soberana, otra forma de hacer Europa. ¿Cómo hemos dejado que esto suceda? Nos hablaban de regeneración, de un nuevo tratado de la Unión. ¿Realmente es necesario?

Alemania quiere una Europa a su medida, con sus criterios, tal vez con su manera de entender el federalismo, toda vez que Europa nunca será un Estado ni una federación. Una Europa con otras estructuras, con otras reglas de juego, más seria, más rigurosa, menos alegre tal vez. Austeridad y consolidación fiscal, embridamiento de la deuda, reactivación y quizás algo más de inflación para evitar la deflación. Los espejos portugués, griego, irlandés, italiano y español, también chipriota, nos ofrecieron una imagen real de lo que ahora mismo es Europa, la del sur sobre todo, y la arrogancia del norte, que se financia a precio de saldo pero que arriesga demasiado, tal vez demasiada animadversión. Hay tensión, demasiada amenaza de enroque. Un parto nuevo, tal vez prematuro. ¿No sirven ya los viejos anclajes?, ¿por qué?, ¿por qué la igualdad y la paridad no son posibles en la Unión Europea y solo prima la voluntad de uno?

El empleo de los jóvenes, la inmigración y su integración, un desarrollo más eficiente y a la vez inteligente de la agenda social de una Europa que soñó una vez ser también social. Hemos caminado, pero falta mucho por hacer. La crisis financiera ha hecho cambiar el enfoque sobre la unión bancaria, pero el plazo aún es largo. Por el camino, la unión fiscal. Y aflige una decisión unitaria y coherente que mitigue la dependencia energética y la bilateralidad que algunos países sugieren e imponen en sus negociaciones con Rusia. Coherencia. Mensaje, decisión y actitud. Europa es cuestión de actitud, de ser nosotros. Y los retos, hercúleos, pero posibles. Seamos protagonistas, no arcanos donde otros deciden y nosotros nos sumamos a la comparsa. Esta es una legislatura donde reencontrarnos y definirnos.

Abel Veiga es profesor de Derecho Mercantil de Icade