Rebajas de hasta el 50%

Crece la guerra de precios en el certificado energético

A punto de cumplir un año desde su entrada en vigor en junio de 2013, el certificado energético intensifica la guerra de precios.

Ofrece rebajas de entre el 30% y el 50%.

Una búsqueda en Google de las palabras certificado energético resume bien el momento en el que se encuentra este sello obligatorio, que pone nota al consumo de energía de los inmuebles en venta o alquiler, y que en junio cumple un año desde su entrada en vigor en 2013.

La primera respuesta del buscador es una oferta para obtener esta etiqueta por 35 euros. La segunda entrada hace mención a barato. En los últimos 12 meses, el precio de esta etiqueta, que puntúa a un inmueble como si fuera un electrodoméstico, desde la letra A (máxima eficiencia) hasta la G (la peor nota), ha caído entre un 30% y un 50%, según la estimación de Certicalia, una de las principales certificadoras a nivel nacional, que cuenta con 5.225 técnicos en toda España.

La razón es sencilla:la eficiencia energética es de los pocos sectores que está absorbiendo la mano de obra del sector de la construcción, vapuleado por la crisis del ladrillo. Arquitectos, aparejadores, ingenieros industriales y hasta otros diez perfiles profesionales relacionados con la edificación intentan abrirse camino calificando el consumo de inmuebles, y bajando así el precio de este servicio. "Con la crisis, la gente quiere pagar lo menos posible y muchos arquitectos y técnicos ven aquí una salida profesional. Lógicamente, a mayor oferta de técnicos, el precio baja", comenta Inés García, portavoz de Certicalia.

El problema de que el precio de este sello baje hasta ponerse en una media de 50 euros es que "falta trabajo de calidad. El certificado energético ha sido una decepción total, se ha convertido en un simple papelito, se hacen certificados energéticos como churros", apunta Santiago Parra, gerente de la Asociación de Empresas de Control de Calidad Técnico Independiente (AECCTI), que representa a empresas con una fuerte presencia de ingenieros especializados en el control de calidad. "Es realmente imposible hacer un trabajo por 29 euros", remacha este experto.

Unos y otros reconocen que la guerra de precios con la que echó a andar la medida se ha intensificado en su primer año de vida, a ritmo de profesionales que buscan trabajo y propietarios de inmuebles que van enterándose de la obligatoriedad del certificado energético. Sin embargo, desde Certicalia aseguran no ver "una relación entre el menor precio del certificado y su peor calidad, ya que siempre cumple los estándares que fija el Ministerio de Industria", comenta García en referencia a una serie de programas informáticos aprobados por el Gobierno para fijar la nota del inmueble.

Algunas empresas han renunciado a entrar en este mercado por su bajo precio. Se puede obtener un sello energético por 30 euros

El problema en España es que la mitad del parque de viviendas, que roza los 25 millones de inmuebles, se levantó antes de 1979, año en el que se hizo obligatorio por primera vez disponer de un aislamiento mínimo en las casas. Eso explica que cerca del 80% de los inmuebles no suba de las letras E, F y G, la peor calificación. Ahora bien, este tipo de edificios es precisamente el que menos información ofrece al técnico que va a certificarlo, pues muchos de ellos ni siquiera conservan planos, lo cual hace aún más necesario un examen en profundidad, todavía muy lejos de realizarse, critican muchas voces del sector.

"Se ha visto de todo, desde propietarios que quieren vender su casa como eficiente sin serlo, o alguien que se hace pasar por técnico y no lo es, o profesionales que no visitan la casa", apunta Javier Méndez, del Colegio de Aparejadores de Madrid. Para este experto, resulta imposible hacer un buen análisis del consumo energético de una casa sin pasar al menos cinco o seis horas en ella, buscando posibles agujeros por los que se pierde energía: ventanas, paredes o incluso medir cómo afecta la sombra del edificio de enfrente a la fachada. Cuanta más sombra, menos horas de luz del sol y menos eficiencia energética.

El estudio del consumo energético de la vivienda se realiza a veces sin visitar el inmueble

"Nosotros hemos hecho muy pocos certificados energéticos. No se trata de que sea un sector que no interese, sino que el precio de mercado ha sido tan bajo que no hemos querido entrar, creemos que un análisis de este tipo no vale menos de 200 euros", explica Rafael Muñoz, director de edificación, urbanismo y materiales de Euroconsult, una de cuyas líneas de negocio es la eficiencia energética.

El trámite en el que se ha convertido el sello energético, según coinciden las voces consultadas, está haciendo perder de vista su objetivo último: reducir el consumo en la estela que marca la directiva europea de eficiencia energética y tener un parque de viviendas que dejen de tirar la energía que compran literalmente por las ventanas.

"El cliente decide si quiere dar un valor añadido al certificado, de ahí que nosotros hayamos trabajado con los programas más exigentes, porque aquellos que piden información aproximada no son fiables, sobre todo en edificios construidos hace 30 años. Los buenos programas ayudan a fijar esos valores". Por el momento, el certificado es un mero trámite para cumplir con la legislación sin atender a las recomendaciones que en teoría debería marcar el experto en su análisis del inmueble. "Es una pena que todavía no haya calado y que todavía no haya un interés real, que es lo más trascendente para ir incorporando una nueva cultura en el consumo", dice Santiago Parra, de la AECCTI.

Desde Certicalia se achaca esa falta de interés a la ausencia de información a los propietarios que venden o alquilan sus viviendas. "Fuera de las grandes ciudades muchos no saben que lo tienen que hacer; ni siquiera las inmobiliarias están al tanto. No ha habido ninguna concienciación y la campaña de comunicación desde el ministerio ha sido inexistente", señala García.

Con precios tan bajos, el negocio para las medianas y grandes compañías interesadas en el sector de la eficiencia está virando hacia la auditoría. Para las ingenierías, el recorrido que también ofrece este mercado es precisamente la implementación de medidas para reducir el gasto energético en los hogares. "Una buena señal de que las cosas avanzan sería que los propietarios certificaran sus viviendas, aplicaran las recomendaciones de los técnicos y pidieran subir de categoría en el certificado energético", matiza un experto.

Pero entre la picaresca, los bajos precios por el exceso de oferta de mano de obra y la percepción generalizada de que el certificado es un mero trámite, todavía se está lejos de que el ahorro de energía se convierta en un reclamo y una tendencia.