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Columna
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El arresto domiciliario chino

No se puede decir muy alto, pero los precios de la vivienda en China están cayendo. Cerca de 45 de cada 100 ciudades vieron bajadas en abril, según datos de la China Index Academy citados por Nomura. Los constructores están encontrando formas cada vez más ingeniosas de enmascarar la caída, desde regalar oro con las compras a ofertas de comprar dos dormitorios, y llevarse otro gratis.

La burbuja inmobiliaria del gigante asiático es un artefacto de la represión financiera. Por el lado de la demanda, obligó a dar unos bajos rendimientos a los ahorros bancarios y limitó el acceso a productos de inversión, lo que ha hecho que se recurra al valor de la propiedad. Por el lado de la oferta, los constructores han perseguido unos precios altos, impulsados por los créditos baratos.

La represión sigue ahí: las tasas pasivas se mantienen limitadas. Pero a medida que los precios inmobiliarios se tambalean, el atractivo relativo de la propiedad se está desvaneciendo. Otras vías se abren. Los fondos del mercado monetario online están pagando a los ahorradores un 5% al año, en comparación con el 0,35% de los depósitos bancarios tradicionales.

Algunas ciudades vuelven sobre sus pasos. Nanning, Wuxi y Tongling han propuesto reducir las restricciones diseñadas para mantener a los no residentes fuera del mercado.s

Sin embargo, la reforma de los tipos de interés es demasiado fuerte como para dar media vuelta. Una crisis de la propiedad hará que los compradores se sientan más pobres, pero más opciones de inversión y unos tipos más altos los harían más ricos con el tiempo. Las tasas de interés del mercado también obligarían a realizar unas mejores asignaciones de capital, lo que reduciría el peligro de un futuro exceso de oferta. Si los precios se desploman, es poco probable que el gobierno vaya a dejar que el mercado siga su curso, pero el premio a largo plazo implica que es mejor una menor intervención.

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