Tribuna

Apostar por el consumo energético responsable

El consumo de energía en la vivienda tiene un gran impacto en nuestra calidad de vida y en el presupuesto familiar. Esta premisa no es muy original pero es importante tenerla en cuenta para poder evaluar y, si procede, cambiar nuestra fuente de energía en el hogar.

El Instituto para la Diversificación y el Ahorro de Energía (IDAE) señala que la calefacción se sitúa, con un 46%, en el principal consumo energético de los hogares españoles. Finalizado ya el duro invierno es, creo, un buen momento para poder hacer balance del coste que nos ha supuesto la calefacción esta temporada y de ver si podemos establecer algún cambio para la próxima, de tal forma que se puedan reducir los costes de la calefacción.

Un estudio de OCU, de octubre de 2012, revela que “instalar una caldera de gas natural siempre resulta más económico que apostar por una de gasóleo o eléctrica”. Según este informe, los costes anuales para una vivienda estándar en ciudades como Madrid, Guadalajara o Logroño son los siguientes: electricidad (bomba de calor más termo), 1.461 euros; electricidad (convectores más termo), 1.354 euros; gasóleo, 1.248 euros; y gas natural, 853 euros.

La consultora PWC ha elaborado un reciente estudio –El mix térmico en España a 2030– en el que, entre otras cosas, se analiza cuál es el gasto medio anual para calentar un hogar y dotarlo de agua caliente. Como referencia tomaron una vivienda de 90 metros cuadrados, con un consumo medio de ocho megavatios al año. El resultado de esta investigación arroja que hacerlo con electricidad tiene un coste anual de entre 1.960 y 2.168 euros. Usar gasóleo, de 1.112 a 1.224. Utilizar gas natural, entre 760 y 928 euros al año.

Del análisis de ambos estudios se puede concluir que el gas natural es la forma más barata para calentar el hogar y, por lo tanto, una de las opciones que los usuarios deberían tener en cuenta –previo estudio concreto de su vivienda– a la hora de optar por una fuente de energía u otra. Es importante acertar en la elección del sistema de calefacción. El tipo de vivienda, el lugar donde esté ubicada y la conciencia ecológica de cada uno determinará la elección. No es baladí el análisis del coste a pagar para disponer de una buena calefacción, ni los efectos sobre el medio ambiente de las diferentes energías. Merece la pena, pues, reflexionar antes de decidirse.

El sistema de calefacción y agua caliente con gas natural es uno de los más empleados, sobre todo en las grandes núcleos urbanos. El gas natural es limpio y es eficaz. La calefacción individual de gas natural calienta la vivienda a través de radiadores por toda la casa, y se caracteriza por ser un combustible cómodo. No hay que preocuparse ni de su almacenamiento ni de su distribución.

El sector energético español se enfrenta al reto de abastecer la demanda manteniendo un equilibrio entre tres objetivos básicos: seguridad de suministro, eficiencia económica y sostenibilidad ambiental.

Tanto el gas natural como la electricidad tienen unos costes fijos de peaje que son repercutidos en la factura de los consumidores. En el contexto actual de descenso del consumo, estos gastos deben distribuirse entre menos unidades vendidas “y eso hace que el coste unitario aumente”, según Jorge Fabra, miembro de Economistas Frente a la Crisis.

La penetración del gas natural en España para consumo doméstico-comercial no supera el 28%, muy por debajo de la media europea que se sitúa por encima del 50%. El futuro aumento de la penetración tendría efecto, como consecuencia indirecta, en la factura energética: al haber más usuarios los costes unitarios serían más baratos, por lo que la factura podría bajar.

Conviene recordar que el gas natural es el combustible tradicional con menor impacto medioambiental, tanto en la extracción como en el transporte y en la utilización. Es la fuente más limpia respecto a la emisión de gases de efecto invernadero y de gases contaminantes.

En momentos en los que aspectos relacionados con el consumo responsable están en la mesa de discusión, es importante que a nivel individual se adopten medidas para favorecer ese consumo responsable colectivo, crítico, consciente y sostenible. El consumidor decide y con su capacidad de contratación influirá, eso sería lo deseable, en las políticas energéticas. Es una responsabilidad que, si la gestionamos de forma conveniente y adecuada, además, puede proporcionar una disminución del gasto familiar.

María Rodríguez es ex presidenta de CECU, socióloga y experta en consumo responsable.